La CFE y el hidrógeno verde

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El hidrógeno verde nos permitirá transitar, esperemos que no lentamente, hacia un escenario que parecería de ciencia ficción

Al parecer Manuel Bartlett todavía no logra entender los estados financieros de la Comisión Federal de Electricidad. En su última comparecencia ante el Congreso, afirmó que la empresa tiene dinero para financiar el gran incremento en el gasto que conllevaría la aprobación de la contrarreforma eléctrica. Su aseveración no tiene base alguna, pues ya hoy la empresa sobrevive a costa del erario público. Y aun sin esa ruinosa contrarreforma sus pasivos seguirán creciendo de manera significativa en los próximos años. Especialmente debido al cambio en el régimen de jubilación hecho por el propio Bartlett en 2020.

Pero no todo lo que ocurre en nuestro país en materia energética es lastimoso. Allí está, por ejemplo, la excelente noticia dada a conocer hace unos días por la Asociación Mexicana del Hidrógeno: a fines de este año se producirá ya en México, de manera industrial, el hidrógeno verde. Este combustible limpio servirá, por ejemplo, para disminuir el uso del gas natural al mezclarlo con éste, para producir fertilizantes verdes y para, su finalidad mayor, almacenar y generar energía eléctrica.

Quizás se pregunte usted, como lo hice yo hasta hace poco, ¿qué es eso del hidrógeno verde? Después de todo, el uso intensivo del hidrógeno como combustible se remonta a más de doscientos años atrás, cuando ya se empleaba para hacer volar los globos y los dirigibles en Europa. Además, al paso del tiempo su uso como combustible se ha vuelto rutinario en muchos sectores industriales, tras ser obtenido, sobre todo, mediante el calentamiento del gas natural.

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También se sabe desde hace dos siglos que el hidrógeno puede generarse a través de la electrólisis del agua. Esto es, mediante una corriente eléctrica puede descomponerse el agua en sus dos gases, el hidrógeno y el oxígeno, para luego almacenar el primero y liberar el segundo. Ahora bien, de acuerdo con los cánones recientes, el hidrógeno así obtenido solo puede ser calificado como “verde” si la corriente eléctrica empleada para dicho fin proviene de fuentes limpias, tales como la energía eólica o la solar. Este es justo el hidrógeno verde que se producirá de manera industrial a partir de este año en México.

Un muy buen comienzo que nos permitirá transitar, esperemos que no lentamente, hacia un escenario que parecería de ciencia ficción, pero que ya está tomando forma en algunos de los países más desarrollados, especialmente en Japón. En este último país, por ejemplo, ya se comenzaron a reemplazar algunas gasolineras con “hidrogeneras”, si se nos permite el neologismo. En esas hidrogeneras se recargan los tanques de combustible de aquellos coches que no emplean para moverse gasolina o electricidad, sino más bien hidrógeno verde. Coches que, por cierto, son más eficientes que inclusive los eléctricos y que ya tienen una demanda creciente en el mercado mundial. El Mirai de Toshiba es quizás el ejemplo más exitoso de ello.

Además de ser una energía limpia, el hidrógeno verde tiene otras tres características valiosas. Al contrario de la electricidad, puede ser fácilmente almacenado. Así mismo, para ser transportado no requiere de líneas de transmisión como es típicamente el caso de la electricidad. Finalmente, al contrario del petróleo y el gas natural, el hidrógeno verde podría ser producido en cualquier lugar donde se cuente tan solo con agua y energía limpia.


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