Imparcialidad

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Entre los muchos sinsentidos que promueven en ocasiones los partidos políticos está el de pensar que una persona solo puede ser imparcial si jamás ha pisado un partido político. Desde hace muchos años los partidos se encargan de fomentar el endiosamiento de quien no tiene ideología alguna o que no simpatiza con alguna fuerza política. Como si el tener una definición en ese sentido fuera una aberración que incapacita para llevar a cabo diversas tareas.

Los partidos dicen que para tal o cual puesto buscarán «un ciudadano» impoluto, sin que haya tenido nada que ver con la política. Lo único que logran con eso es consolidar la mala imagen que tienen de ellos, y de la política misma.

Entiendo que para ciertos puestos la militancia pueda ser un impedimento, pero no creo que todas las personas que en su juventud, o en algún momento de su vida militaron o tienen cierta ideología estén incapacitados para realizar tareas públicas por ese solo hecho. Pero son los propios partidos los que han generado ese mecanismo perverso en el que admiten tácitamente, que hacen cosas ilegales, que lo suyo es sucio y que se necesita alguien que no los conozca ni que se lleve con ellos para que pueda ser bueno.

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El tema viene a colación por el escándalo que han armado el PRI y Partido Verde contra el titular de la Fepade, Santiago Nieto. El argumento es que no es imparcial porque trabajó un tiempo en las oficinas del PRD en el Senado. Es reprochable que el señor Nieto hubiera ocultado esos datos en su currículum —por lo mismo de que se sataniza al que tiene definiciones políticas—, pero de ahí a decir que tiene conflictos de interés si actúa contra cualquier persona que no sea del PRD, pues es una evidente exageración.

Arturo Escobar tenía fama de delincuente electoral desde hace tiempo. Su nombramiento provocó irritación y molestia en ámbitos políticos y de opinión. Su actitud insolente y el manejo que hizo de su partido —cada vez más impresentable— lo colocaron rápidamente en el centro de las críticas. El gobierno decidió mantenerlo en su puesto. Jugó de nuevo a realizar la afrenta a sus críticos. No me importa lo que opinen. Yo pongo a quien quiero. Y bueno, pues el resultado de su pacto con los verdes o el de su soberbia, está a la vista.

Ahora bien, si los senadores del PRI y del Verde no se dieron cuenta de a quién nombraban, es todavía peor, pues significa que no tienen la más mínima inquietud de preguntar quiénes son los candidatos a ocupar tal o cual posición. Ahora los senadores priistas y los verdes se rasgan las vestiduras porque Nieto ¡trabajaba en el Senado!

Si uno hace caso a los argumentos contra Nieto, entonces habría que cambiar a la procuradora Arely Gómez, que también trabajó en el Senado, ni más ni menos que como senadora y es del PRI.


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