¿Cómo amamos a México?

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Cada mexicano que se esmera en hacer lo que le toca hacer poniendo su mejor empeño, es un patriota. Porque todo lo que se hace bien es a favor del país

Ayer tuve la oportunidad – siempre la agradezco – de tener una charla con mexicanos muy jovencitos, sus edades entre los 10 y los 17 años, para hablar de México, nada más y nada menos. Le comparto, que esas invitaciones las disfruto, las aprecio, son domingueras. Es una maravilla el encuentro de dos generaciones, para sintetizarlo, en el que el punto de confluencia es la CASA que no es común. Me pidieron que les hablara de patriotismo a mis coterráneos de quinto y sexto año de primaria, de secundaria y de preparatoria. Menudo compromiso. No podía ser muy ceremoniosa, porque se iban a dormir, había que encontrar las palabras idóneas, construir las ideas y exponerlas de manera clara y sencilla a un público bullicioso naturalmente, que te manda a paseo sin ningún remordimiento si no logras interesarlo en lo que dices.

Les pedí a algunos de ellos que me acompañaran al podio, que nos dijeran su nombre, sus apellidos, el nombre de sus padres, de sus abuelos, el porqué les gustaba ir con sus abuelos, que era lo que más les gustaba de esa visita, de porque amaban a su familia, de porque se sentían parte de ella, de qué importancia tenía llevar tales o cuales apellidos, para qué servía eso… Así fuimos transitando hacia México, hacia el porqué somos mexicanos, las cosas que nos vinculan, las coincidencias, lo que esto nos despierta.

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Hablamos de nuestro pasado mesoamericano, del sentimiento de orgullo que ha de despertarnos saber que venimos de espléndidas civilizaciones como la olmeca, la maya, la mixteca zapoteca, los teotihuacanos, los aztecas, del legado de cada uno de estos pueblos, que constituyen una de nuestras raíces. Del arribo y conquista española, de lo que significó, de su herencia, y del resultado de esa mezcla. Les hice una pequeña reseña de nuestra historia para convertirnos en nación, citamos a Hidalgo, a Morelos, a Allende, a Abasolo, Aldama, a la Corregidora, a Leona Vicario, y de los motivos y razones que tuvieron para atreverse a romper el statu quo y ser los impulsores y protagonistas del primer movimiento armado. Independizarnos de España, no más tiranía, adiós al coloniaje.

Y luego el segundo impase de sangre: la revolución de 1910. Y entonces la lucha ya no fue para romper con los de allende los mares, pero si con otra tiranía, con la dictadura de Porfirio Díaz. Y fueron otros hombres y otras mujeres los que se echaron a cuestas el deber de defender la casa. El grueso de ellos, anónimos, los reconocidos, los que fueron por delante, Madero, Carranza, Villa, Obregón, entre otros.

Patriotas, así los recordamos. Murieron por la Patria. Hicieron lo que la realidad de eso entonces demandaba. Son los mexicanos de los siglos 19 y 20, respectivamente. ¿Quiénes son los patriotas de este siglo? ¿De qué necesita ser salvado el México de nuestros días? ¿Qué ataduras deben romperse para que el país se libere de la pobreza, de la delincuencia, de la violencia, de la desvergüenza, de la rapiña institucionalizada, de la mediocridad, del conformismo, del borreguismo, de la simulación, de las mentiras, de la corrupción y la impunidad como formas de vida, tanto en lo público, como en lo privado?

Les dije que sus padres eran patriotas y es que cada mexicano que hoy en día cumple con su responsabilidad, lo es, no me cabe la menor duda. Les dije que el patriotismo de sus progenitores consistía en hacerse cargo de ellos, de su alimentación en el sentido más amplio, de su formación, de su cuidado. Les dije que cada mexicano que se esmera en hacer lo que le toca hacer poniendo su mejor empeño, es un patriota. Porque todo lo que se hace bien es a favor del  país.

Les dije que México necesita del patriotismo de todos para salir adelante. Les pedí que cumplieran con lo que hoy les corresponde, que es ESTUDIAR, que fueran estudiantes de excelencia, porque el país necesita de gente preparada y comprometida para ser distinto. Les hable del orden y del respeto a la ley por conveniencia propia y sobre todo de la NECESIDAD que tiene este México nuestro de personas HONESTAS.

No sé que tanto me hayan escuchado, pero le juro a usted, estimado lector, que si toqué el corazón y la conciencia de uno solo de mis jóvenes oyentes, habrá valido la pena esa charla de ayer por la mañana.


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