Hasta la próxima, Chucho

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En política y en la vida parlamentaria las relaciones más sólidas y perdurables son las que se cimientan con el cumplimiento de la palabra empeñada.

Difícilmente la relación entre el PAN y el PVEM ha atravesado por un momento, del que se tenga memoria, más álgido, incluso más confrontado, que la ruptura de aquel berrinche chantajista de la Alianza Por el Cambio, en 2000, al no cederles la Semarnat para el Tucán Mayor. El dirigente nacional de Acción Nacional, Gustavo Madero, ha llegado al límite de pedir el retiro del registro al Partido Verde por los evidentes excesos publicitarios e ilegalidades en el manejo de ciertos recursos en su faceta como esquirol electoral del PRI-gobierno.

Sin duda, esa relación se ha reflejado de alguna forma en la convivencia entre los respectivos grupos parlamentarios de cada partido en los distintos congresos de México. Pero precisamente por esta coyuntura es que debo agradecer la oportunidad de haber podido servir a mi ciudad en esta VI Legislatura junto con Jesús Sesma, quien esta semana se separó de su cargo como diputado de la Asamblea Legislativa y coordinador del PVEM.

En política y en la vida parlamentaria las relaciones más sólidas y perdurables son las que se cimientan con el cumplimiento de la palabra empeñada. La divisa más valiosa de un legislador es justamente su palabra y honor en el cumplimiento de acuerdos. Jesús es un político que honra su palabra.

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No siempre se ganan las batallas legislativas y menos frente a una abrumadora mayoría amarilla. Pero no se podrá decir que fue sólo una ocasión que logramos parar la aplanadora juntos, y que en camaradería alcanzamos triunfos en temas fundamentales en los que nuestras agendas coincidieron.

Con Sesma y esa pasión capaz de convertir la tribuna en espacio de debate candente ganamos batallas como la Ley de los Derechos de la Madre Tierra, unimos fuerzas en la lucha contra el maltrato animal y el muy polémico tema del circo sin animales, tomamos también juntos el control del no menos polémico tema del espectáculo de los toros. Y cuando más nos apretaban, más solida fue siempre su convicción de mantener su palabra y los acuerdos.

Los tiempos políticos de su partido lo llaman a otras tareas y nuevos desafíos de su joven carrera, se va un compañero y permanece en mí el amigo, que hoy lo distingue del conflicto que se libra en las otras arenas políticas PAN-PVEM y que le desea el éxito que merece con la esperanza de volverlo a encontrar en el camino para trabajar y construir.

Después del 7 de junio todos deberemos actuar con madurez y pensar en alcanzar acuerdos en beneficio de nuestro país, ubicarnos en el camino del debate de las ideas como el medio para dirimir las diferencias y no quedar atrapados de manera permanente en el espacio de la competencia electoral. Los pecados del PVEM son ya el sello distintivo de la contienda 2015, es el hierro al rojo vivo que marcará esta elección que, a querer o no, terminará por inspirar otra Reforma Político-Electoral que prohíba los nuevos abusos y las artimañas en la justa de 2018. Aunque la buena reputación y mejor recuerdo de la diputación de Jesús es sólo una flor que no hará primavera en la imagen del PVEM, sí echa raíces en una amistad valiosa para mí. ¡Suerte, Chucho, y nos vemos en la próxima!


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