Los comportamientos políticos del presidente Donald Trump siguen siendo muy previsibles pese a algunas señales que se interpretan como de corrección de estilos; el mensaje de la Casa Blanca ha sido muy claro: ve bien a la presidenta de México, pero sigue manteniendo su argumentación de que su vecino es un narcoestado y que la narcopolítica es un cáncer que afecta a Estados Unidos.
Estos datos pudieran estar siendo considerados como de geopolítica –si es que existe y si es que se le puede llamar de ese modo– en Palacio Nacional, pero hay mucha necesidad de mandar señales aún coyunturales de que las cosas no están tan mal con la Casa Blanca. Por lo pronto, el presidente Trump no cometió error de esos que acostumbra con sus visitantes para demostrarles que son mal recibidos.
A pesar del futbol, en México y en la relación trilateral por haber sido un campeonato entre los tres países del Tratado las cosas siguen igual: Trump va a seguir aumentando los aranceles por razones de reagrupación comercial pero también de castigo político, en términos reales ya dio por liquidado el objetivo original del acuerdo al romper la columna vertebral del intercambio comercial que se basaba en aranceles bajos y de criterios estrictamente comerciales y la narcopolítica mexicana seguirá siendo una argumentación decisiva en las relaciones con México.
El expediente de los narcopolíticos no sólo sigue latente en el Departamento de Estado, en el Departamento del Tesoro, en la DEA y en la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos y las repercusiones políticas de todas las confesiones de Ismael El Mayo Zambada en su prisión norteamericana también siguen siendo prioridad en la relación bilateral. Lo que ocurre es que les darán una utilidad política a las informaciones del Mayo y servirán para dar el zarpazo final contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y nueve coacusados de narcopolítica, en el contexto sentencia final contra el capo del cartel de Sinaloa.
Los estrategas estadounidenses que están procesando el expediente de extradición de Rocha Moya ya dejaron muy en claro que México entregará al político sinaloense a la justicia americana o comenzarán procesamientos contra otros políticos locales y algunos otros gobernadores también vinculados en el tema de la narcopolítica.
En México parece haberse entendido el hecho de que Rocha Moya es el factor que va a definir la relación de Estados Unidos con su vecino del sur, pero existe la expectativa mínima pero latente de que los tiempos políticos de EU alarguen su entrega para enjuiciamiento del sinaloense como narcopolítico. Pero al mismo tiempo, en Palacio Nacional se ha tenido que evaluar el hecho de que el caso de Rocha Moya pudiera convertirse en la pista oficializada de la narcopolítica como estrategia de gobierno y de Estado aprobada personalmente por el presidente López Obrador y de modo natural como eje del partido Morena. Y el costo sería más caro para la 4T.
El reencuentro de la presidenta Sheinbaum Pardo con el presidente Trump en el contexto de la Copa Mundial Trump-Rimet no modificó el estado de cosas que existía antes de la invitación aceptada. El presidente de EU ha tenido destellos de sensibilidad política en el trato con México y va a seguir elogiando la personalidad de la presidenta Sheinbaum, pero no va a modificar su percepción de que México es un narcoestado y que el narcotráfico está imbricado en las estructuras políticas y de gobierno del ciclo lopezobradorista.
El encuentro en Nueva York tampoco modificó la estrategia de Trump en la negociación del Tratado comercial sobre todo en su fase bilateral EU-México. La Casa Blanca no sólo no va a modificar la estrategia de los aranceles, sino que seguirá obligando a las empresas estadounidense que se descentralizaron al calor del Tratado a regresar al territorio americano, como lo demostró de manera reciente la empresa Toyota en sus instalaciones estadounidenses.
El presidente Trump no va a ceder y peor aún va a profundizar sus presiones en la recuperación del control político y de Gobierno sobre la frontera sur, a partir de evidencias de que la corrupción mexicana contaminó y corrompió a las autoridades gubernamentales americanas que tienen el manejo administrativo de la frontera.
Y finalmente, tampoco Trump va a variar por el futbol su estrategia de consolidar en el 2027 al conservadurismo en los estados mexicanos que hacen frontera con el territorio de EU y que le servirá para sentar las bases desde ahora de su objetivo de capturar al Gobierno de México a través de sectores conservadores.
Al final de cuentas Trump parece haber entendido la lógica mexicana: gana más EU llevando buenas relaciones presidenciales que confrontando a los dirigentes mexicanos que suelen reconsolidarse desde el nacionalismo de contrapunto.
Política para dummies: la política, aún histriónica, es una estrategia de seguridad nacional.
@carlosramirezh
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