Camaleones electorales

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Del lat. chamaeleon. 1. Reptil saurio de cuerpo comprimido, cola prensil y ojos de movimiento independiente. Se alimenta de insectos que caza con su lengua, larga y pegajosa, y posee la facultad de cambiar de color según las condiciones ambientales. 2. Persona que tiene habilidad para cambiar de actitud y conducta, adoptando en cada caso la más ventajosa.

En la Asamblea Legislativa del Distrito Federal iniciamos el último periodo de la VI Legislatura sin una agenda consensuada entre las fuerzas políticas que permita atender las necesidades y los temas relevantes de los habitantes de la Ciudad de México.

Tratándose del periodo más corto, el pleno debiera dar prioridad a las iniciativas que ya han sido presentadas por los distintos grupos parlamentarios y discutir las que tenemos pendientes. Nuestra meta debiera ser no concluir la VI Legislatura con rezagos.

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El Grupo Parlamentario del PAN ha presentado diversas iniciativas en materia de desarrollo urbano, de seguridad pública y procuración de justicia, entre otras, por lo que, salvo unas dos iniciativas que consideramos apropiadas, no presentaremos más porque estarían condenadas a la congeladora legislativa.

El único acuerdo, hasta el momento, es el de las comparecencias de los servidores públicos para conocer el estado que guarda el tercer año de ejercicio de la administración pública local, por lo que la Comisión de Gobierno deberá reunirse en breve para definir cuáles sí y cuáles no serán los temas viables para aprobar por el pleno en el presente periodo, que concluye el 30 de abril.

Pero más allá del ajustado tiempo dispuesto para el periodo ordinario y la ausencia de una agenda legislativa clara y definida, en la ALDF enfrentamos otra preocupación.

Las sesiones apenas alcanzan el quórum legal para iniciarlas y aprobar algunos puntos de acuerdo propuestos por los pocos legisladores que asumimos la tarea conferida a través del voto ciudadano.

Aun cuando formalmente no ha iniciado el proceso electoral, muchos de estos diputados ausentes están más preocupados por su futuro político que por trabajar en beneficio de sus electores. Los mismos que los votaron para su actual encargo. En este contexto, el último periodo de sesiones se complica todavía más.

En esta legislatura, como ha ocurrido en muchas otras, pero no por recurrente es menos grave, en las últimas semanas las definiciones de candidaturas de los distintos partidos políticos rumbo a 2015 dejaron sueltos a los camaleones electorales.

En las últimas semanas la camaleónica práctica se ha repetido hasta en cinco casos en todos los partidos, amarillos que se van y amarillos que regresan, azules en verdes, verdes que se descubren tricolores, naranjas, rojos, morados.

Pero no sólo se trata de personajes que satisfacen su apetito electoral cambiando de partido, es un fenómeno que trastoca la correlación de fuerzas y el espacio de las negociaciones legislativas. Es el caso cuando un camaleón ocupa la tribuna, más allá de los principios éticos, de la doctrina o ideología ¿se puede suponer que su interés parlamentario tiene un trasfondo que obedece a su nuevo color de piel? ¿Utilizarán la tribuna y las posiciones que ocupan en las Comisiones con fines personales? Sí y sí, son lamentablemente las respuestas. En síntesis, si la agenda legislativa fuera secuestrada por un camaleón electoral no habría partido político obligado al pago del rescate.

Ello nos lleva a la reflexión del cambio de rumbo en las formas de hacer política, tener claro que un representante popular debe anteponer el interés de los ciudadanos a intereses propios. Los legisladores, camaleones o no, tenemos la obligación de no convertir la legislatura en un descolorido espectáculo frente a la ciudadanía.


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