Esperando a Francisco

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En el vuelo de retorno a Roma, luego de una exitosa gira pastoral por países asiáticos que tuvo como broche de oro la celebración eucarística en Manila, con una asistencia estimada de siete millones de personas, lo que la convertiría en la más numerosa en los 2 mil años del cristianismo, el papa Francisco charló con los periodistas y se refirió a su futura visita a México.

De sus palabras se desprenden varias conclusiones: la decisión de venir a nuestro país está firme. La Santa Sede ha obsequiado las invitaciones que le han formulado en repetidas ocasiones tanto el Episcopado Mexicano como las autoridades civiles. Lo que aún está en estudio es el formato y la fecha del viaje.

En sus gestiones el gobierno mexicano aboga porque sea a la mayor brevedad, de ser posible en septiembre de este año. El Papa acudirá al VIII Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Filadelfia del 22 al 27 de ese mes, estará en algunas ciudades de Estados Unidos, entre ellas Nueva York, en la que seguramente se apersonará en la Asamblea General de la ONU. Podría aprovecharse ese viaje trasatlántico para tocar tierras mexicanas, entrar por una ciudad fronteriza, posiblemente Tijuana, en la que el mensaje central sería la defensa de los migrantes. Tema en el que Francisco ha alzado la voz con especial energía y en el que México y el Vaticano son aliados estratégicos. De ello dan cuenta los dos coloquios internacionales (2007 y 2014) que han organizado conjuntamente la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Al más reciente acudió el secretario de Estado, Pietro Parolín, dignatario que tiene un magnífico conocimiento de la realidad mexicana por su estancia en nuestro país como miembro de la misión de la Nunciatura Apostólica en los años noventa. Si la visita a México se diera en esa oportunidad y con ese diseño, sería necesariamente corta, ya que la agenda y la salud del pontífice no permitirían una gira con mayor tiempo y espesura. Por ello, según sus recientes comentarios a los periodistas, ese tipo de visita no se ajusta a lo que considera necesario hacer en México.

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Todo indica que desea estar en México mayor tiempo, hacerlo con detenimiento y actuar a profundidad. Para comenzar quiere acudir a la Basílica de Guadalupe, lo que implica viajar a la capital de la República. Por la línea que ha impreso a su pontificado y por su estilo pastoral, tampoco parece que le resulte apetecible tener una presencia fugaz, sólo para cubrir el expediente, sin sacudir a fondo las conciencias, agitar y animar el compromiso cristiano de la porción mexicana de su grey y pasar revista, in situ, a los prelados que la conducen.

En diversas intervenciones el Papa ya demostró que tiene el pulso de lo que está ocurriendo en México. Sus plegarias por los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa, la presencia del nuncio Christophe Pierre entre sus padres, su elección al cardenalato del arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda —pastor alejado de la grilla curial y de las vanidades del “carrerismo” eclesiástico que tanto detesta Francisco—, envían múltiples señales y significados tanto para la Iglesia mexicana como para los hombres del poder del Estado. Todo esto indica que su visita pastoral puede convertirse en un hito semejante al primer viaje de Juan Pablo II a México que tuvo profundos efectos religiosos y políticos. Posiblemente las consecuencias de esa futura visita de Francisco no resultarán cómodas para el establishment político y para las ensombrecidas élites que se quedan con la parte del león del ingreso nacional. Pero no cabe duda que será una presencia venturosa y refrescante para una sociedad sedienta de justicia, autenticidad y limpieza. Lo esperamos.

Ex embajador de México ante la Santa Sede.
@LF_BravoMena


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