El proyecto de Lujambio: más democracia y más transparencia

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Hace dos años, México perdió a uno de sus grandes hombres, a un mexicano que supo sintetizar el pensamiento con el compromiso y la inteligencia con la acción.

En esta semana, en el Senado de la República rendimos un homenaje a Alonso Lujambio como acto de justicia por el servicio que le prestó a nuestro país. Rendir homenaje a un hombre significa dirigir la mirada al pasado y a su obra, pero sobre todo al futuro, al porvenir. Alonso nos dejó una obra, pero también nos legó un proyecto.

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La vida de Alonso fue intensa y fructífera, veloz y profunda. Incursionó con éxito lo mismo en la academia que en la política. Reflexionó en el largo plazo pero tuvo a la vez sentido de urgencia. Fue un hombre de raigambre liberal-humanista, que sintetizó ideas y tiempos.

Fue un crítico del régimen autoritario y por ello, pensó cómo desmontar ese sistema para transitar a una democracia funcional. Por ello fue protagonista de un nuevo México.

Alonso fue constructor de instituciones. Y como buen constructor, no sólo le importaron los ladrillos, sino sobre todo los cimientos. Alonso comprendió muy bien que las instituciones se configuran con normas, con estructuras, con procesos, pero sobre todo se edifican con ideas y valores. El cambio político para él, no sólo debía basarse en cambios legales sino también debía fundarse en clave culturales. Alonso Lujambio fue estudioso de la transición y a la vez un impulsor de ella; diseñó instituciones y supo hacerlas operar. 

Como constructor fue paciente, supo que los mejores mecanismos para la política son el diálogo y acuerdo, sin prescindir de las convicciones y el debate. Creyó en la transformación del régimen pero no en la ruptura institucional.

En el servicio público Lujambio se desempeñó en ámbitos clave que posibilitan el desarrollo de un país como son: la democracia y la transparencia. Sobre estos temas sigue habiendo grandes desafíos en nuestro país. Alonso afirmaba: “La democracia es una copa de cristal, no es de roca, es delicada, requiere de tratamiento fino y de consideraciones teóricas y prácticas que lleven siempre a apuntalarla, a fortalecerla”. La democracia hoy se muestra frágil amenazada: por el silencio que se impone a los medios de comunicación; por la intervención gubernamental en los órganos autónomos; por la persecución de las voces críticas. Cuando la democracia decae, la República se descompone y emerge el autoritarismo con todas sus disfunciones y abusos. El desafío es profundizar la democracia en el México de hoy, a pesar de los diversos intentos de regresión.

De igual forma, la transparencia requiere un nuevo impulso. Las leyes secundarias que estamos diseñando en estos momentos son fundamentales, ante el intento de poner diques que frenan el avance de lo, hasta ahora, conseguido. Es importante concretar, en todo el país, el principio de máxima publicidad, por el cual toda la información en posesión de cualquier autoridad y entidad debe ser accesible de manera clara y permanente. Garantizar que los sujetos obligados documenten todos los actos que deriven del ejercicio de sus facultades; regular las medidas de apremio y sanciones en caso de incumplimiento a la ley, entre otras muchas medidas.

Alonso Lujambio Irazábal desarrolló uno de los perfiles políticos más completos de nuestro tiempo. Es un ejemplo para las nuevas generaciones que quieren hacer de la política una auténtica vocación de servicio. Su vida es un testimonio especial, más aún cuando la acción pública parece dominada por un pragmatismo sin referentes éticos. La vida de Alonso constituye una biografía básica para todo aquel que quiere adentrarse en la política sin perder la conciencia del deber.

Sin lugar a dudas los ideales de Alonso siguen vigentes; porque hoy se necesita, más que nunca, más y mejor democracia, más y mejor transparencia.


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