El politólogo Juan Molinar

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Era evidente que el poder estaba concentrado, que los derechos políticos no se ejercían a cabalidad.

La transición mexicana a la democracia se caracterizó por un conjunto de cambios institucionales enfocados, básicamente, en el aspecto electoral. Este cambio en las reglas permitió que en 1997 el PRI, otrora partido hegemónico, perdiera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en 2000 la Presidencia de la República. Pero para saber qué cambios en las reglas electorales había que llevar a cabo era indispensable, primero, conocer cuáles eran los soportes del sistema político mexicano y cómo funcionaba su organización electoral. Uno de los mejores estudiosos del sistema político mexicano fue Juan Molinar Horcasitas, académico y político recientemente fallecido.

Fueron muchos los autores que trataron de explicar un régimen que tenía elecciones ininterrumpidas, en donde todos los presidentes habían terminado su periodo, en donde existía una cierta paz social, pero en donde era evidente que el poder estaba concentrado, que los derechos políticos no se ejercían a cabalidad, que no todos los partidos gozaban de iguales oportunidades de acceso al poder, y en donde la línea divisoria entre partido y gobierno no existía. El propio Molinar explicó cuáles eran estas escuelas interpretativas, en un magnífico ensayo publicado en 1993 en la Revista Mexicana de Sociología.

En sus investigaciones para explicar el autoritarismo mexicano, Molinar llegó a una conclusión: el régimen priista utilizó exitosamente las instituciones electorales para asegurar su propia perdurabilidad y dar una apariencia formal de multipartidismo. De ahí que existieran constantes cambios a las reglas para garantizar, en el mejor de los casos, cierta pluralidad no competitiva. En paralelo, el régimen desarticulaba a la oposición y establecía mecanismos de coerción.

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Esta tesis está espléndidamente plasmada en su libro El tiempo de la legitimidad, publicado en 1991. Ahí sostiene que la legitimidad del poder en México ya no podía basarse en su supuesto origen revolucionario, tampoco en su desempeño económico, sino que tenía que estar en la voluntad de los ciudadanos expresada libremente en las urnas. Las elecciones no podían seguir sirviendo para que el autoritarismo continuara igual, sino que tenían que ser el cimiento de la nueva legitimidad.

Como puede verse, Juan Molinar Horcasitas fue un politólogo talentoso y brillante. Sus análisis sobre las elecciones y los partidos políticos aportaron mucho a la ciencia política. Incluso, diseñó un método para medir el número efectivo de partidos, el llamado “índice Molinar”, a partir de un texto que publicó en American Political Science Review en 1993. Años después, todas estas metodologías científicas las aplicaría en su paso por el servicio público y en la vida partidista.

Si bien hoy se recuerda e identifica más a Juan Molinar por su paso en el servicio público como consejero del entonces Instituto Federal Electoral, secretario de Comunicaciones y Transportes, director general del IMSS y constructor de acuerdos en el marco del Pacto por México, Fernando Rodríguez Doval**, a quien agradezco la coautoría de esta columna, y yo, quisimos recordar las valiosas aportaciones que el politólogo Juan Molinar hizo para la comprensión del sistema político mexicano y para su transformación en el sistema democrático que, con todo y sus fallas, hoy es.


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