El comunismo, AMLO y Morena

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Karl Marx habló de un fantasma que recorría Europa, el del comunismo, y muchos piensan que ese mismo fantasma recorre México, por obra y magia de Andrés Manuel y su partido Morena. ¿qué hay de eso?

El asunto, contrariamente a lo que muchos preocupados piensan, no es sencillo. No es que Amlo sea un ferviente comunista todavía disfrazado como un nacionalista. Considero que hay que hacer algunas diferencias del tema, una de ellas es lo que el comunismo representa para Amlo, y lo que significa dentro de esa secta llamada Morena (sí, técnicamente un partido), con una diversidad de intereses personales y de grupos, de ideologías y expectativas políticas internas. Morena, es fácil verlo, no es un ente monolítico de objetivos nacionales.

Iniciemos con Amlo. A través de su muy larga carrera política, Andrés Manuel no ha actuado como un comunista, ha sido un agitador político, líder social, pero sobre todo un populista, en sus diversas campañas y uso del poder, en el Distrito Federal y en la República Mexicana. Amlo se ha valido de las tácticas de líderes populistas del comunismo para afianzar su poder, pero usa otras también, como las nazis.

Los dos grandes dictadores abierta y activamente comunistas han sido Fidel Castro y Hugo Chávez, ambos próceres de los otros dictadores que han tratado de llevar a sus naciones a convertirse en países socialistas, algunos con cierto éxito y otros con intenciones no bien logradas. Entre los primeros está Evo Morales. Pero otros tienen como intención usar el control socialista de un Estado-nación para usufructuar el poder personal, ni siquiera de grupo, en ciertos casos.

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Fidel fue el gran maestro de Chávez de cómo usar la pobreza de una población no como fin, sino como medio para tener el poder. También lo es de Amlo. Las manipulaciones populistas del pueblo han sido muy efectivas para el control político de los dictadores, y lo digo en plural porque el populismo tiene diferentes estrategias, una como la de Adolf Hitler y otras como las de Perón y los peronistas, o de Ortega en Nicaragua.

Fidel buscaba y obtuvo ambas cosas, convertir a su Cuba en país comunista y usar el comunismo en su beneficio personal y de su más cercana camarilla, ahora liderada por Raúl su hermano. Chávez intentó lo mismo, y aunque más limitado por su economía, puso a Venezuela a su servicio y con eterno lema: socialismo o muerte. Su sucesor es un hombre muy limitado, Maduro, pero que continúa en un férreo control político en beneficio de él mismo y de una muy amplia camarilla, incluyendo a corruptos altos mandos militares.

¿Y Andrés Manuel? Este individuo no busca convertir a México en un país comunista, aunque a muchos así les parezca. A él lo que le interesa, y lo aplica siguiendo los consejos de sus asesores cercanos, es utilizar técnicas semejantes a las de Castro y Chávez para absorber todo el poder personal (no de su gente) y conservarlo después de su presidencia. Las técnicas comunistas son formas de control, y por eso usa frases iguales o parafraseadas de Castro y de Chávez para que “el pueblo bueno y sabio” lo adore y lo apoye ciegamente. El comunismo para Andrés Manuel no es un fin, es un medio político para su personal interés.

Pero ¿y Morena? Como ya dije, no es un monolito, es una secta llena de piccoli capi con sus personales intereses, en especial de quienes quieren suceder a Amlo. Y a la vez llena de diversas tribus con diferentes intereses lideradas por esos capos. Una cosa tienen todos en común: apoyar a su “mesías tropical” para que, compartiendo su poder popular, puedan instalarse en diversos medios de poder político y hacer lo que les venga en gana, en espacial enriquecerse, según se puede ver con el más alto nivel de corrupción jamás visto en México.

Muchos grupos o tribus morenistas sí persiguen fines que, aunque coincidan con la teoría marxista, persiguen esos otros objetivos, como son la destrucción de la familia y el matrimonio naturales, y de la religiosidad popular, o los crímenes del aborto y la eutanasia, o la llamada ideología de género, todo ello contrario a la dignidad humana. Y ante ello, también en general, Amlo no se manifiesta a favor de estas “modas”, pero simplemente les deja hacer lo que quieran a quienes, abusando de un mayoriteo legislativo o de un poder judicial servil y torcido, van logrando esos objetivos.

Los fanáticos dentro de Morena que buscan convertir a México en un país comunista son unos cuantos, muy bien identificados por sus nombres, y no muy poderosos dentro de Morena. Esos sí quieren comunizar a nuestro país.

Todos los esfuerzos que hace Morena para destruir las libertades políticas y de prensa u oposición al régimen, van por supuesto orientadas a conservar el máximo poder posible, con el mismo claro objetivo de Amlo. Sólo que Amlo lo quiere para él, y los poderosos de Morena para la estructura morenista que les permita conservar un enorme poder post-Amlo. La destrucción de las libertades como un medio, no un fin. Amlo quiere un país de pobres porque así los controla.

Por estas razones, la preocupación social no debe ser la conversión de México a país comunista como un fin, sino como un medio tanto para Amlo como para los poderosos dentro de Morena. No, el gran, enorme peligro está en otro lado. Hacer de un país como México, incluyendo su compleja vecindad con Estados Unidos, un país comunista, no es nada fácil. Lo peligroso y mucho más fácil de lograr está en otra parte: la delincuencia organizada controlando a México.

Nuestro país que se está convirtiendo rápidamente en un narco-estado, no unificado, diversificado regionalmente dominando cada vez más municipios. Y regresarle a México el control de su política y de sus libertades, es cada vez más difícil, por el evidente contubernio presidencial con los capos del narco. Todas las libertades que les da, y el ahorcamiento de los militares para combatir a los distintos sicariatos, que humilla al ejército y a la marina, está entregando México al narco. Este es el gran peligro a enfrentar, no futuro, sino actual y evidente.

Morena y Andrés Manuel se han apoyado, cada vez más, en los cárteles de la delincuencia organizada. Los resultados en terror, amenazas, secuestros, cobro de piso, asesinatos, amenazas cumplidas en periodos electorales, y mucho más, son el verdadero peligro, más que el comunismo, para el destino próximo de México. Eso debe realmente alarmarnos y ponernos en acción para evitarlo.


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