Dos escenarios

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Por: Alejandro Díaz

A poco más de dos semanas de una de las elecciones más trascendentes de nuestra vida se ven ellas dos posibles escenarios: confirmación o rectificación del camino a recorrer. La polarización social que la narrativa del inquilino de Palacio se ha empeñado en promover en sus soliloquios mañaneros dominará el 6 de junio. Ese día nos encontraremos ante las urnas -esperamos pacíficamente- tanto quienes quieran rectificar el rumbo como quienes quieran ratificarlo.

La narrativa que separa a quienes lo apoyan de los que no aceptan su absurda forma de gobernar (más bien su desordenada y poco profesional forma de comunicar, porque gobernar implica planear bien lo que se dirá y hará, para luego dar seguimiento a las indicaciones dadas para garantizar se cumplan). Siempre se afirmó que el candidato López tenía un excelente diagnóstico de la realidad mexicana pero pobres medidas para abordar su corrección. El episodio de la lucha contra el huachicoleo de los ductos de PEMEX lo describe de cuerpo entero: sabiendo que se pierden cientos de miles de litros de gasolina por la extracción ilícita, él decide combatirla; sin planeación cuidadosa, suspende abruptamente el bombeo a los ductos. La afectación a muchos ciudadanos es enorme pero no se informa de arrestos de responsables ni se recuperan las ventas de la paraestatal. Unos meses después, en un pueblo de Hidalgo muere una decena de personas que extraían gasolina de un ducto que supuestamente se había garantizado a prueba de robos.

Del mismo modo sucedió con el abastecimiento oficial de medicinas. Sin un plan bien concebido (recordar la solicitud a “alguna entidad de la ONU” para garantizar el suministro sin corrupción). No sólo esa solicitud no ha podido ser llevada a cabo, sino el IMSS, el ISSSTE y la SSA llevan dos años sin medicinas ni implementos hospitalarios. Se acabó el Seguro Popular y el supuesto INSABI nunca funcionó. Peor aún, no se sabe de él.

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El manejo de la pandemia mostró la incapacidad gubernamental desde un principio. Se minimizó la importancia del virus y no se asumieron medidas preventivas que pudieran haber salvado miles de vidas. A pesar de saber que el uso de máscaras inhibe la transmisión, retrasaron su difusión y nunca predicaron con el ejemplo. Las 60,000 víctimas que se darían “en el escenario más catastrófico” palidecen ante una cifra real mucho mayor.

La vacunación contra el Coronavirus, que incluso la oposición llegó a denunciar como arma electoral, ha resultado demasiado burocrática y lenta. A menos de tres semanas de la votación no se ha vacunado ni al 20% de la población, aunque ya se exige regresar a cursos presenciales a más tardar en junio.

A pesar de que esos absurdos (y muchos otros) son del conocimiento general, quienes creen todo lo que aquél dice (y habla por horas cada mañanera). Creen que cualquier error señalado es mínimo o montado para ventaja de la oposición. Sin aceptar argumentos, la mayor parte de ellos sin siquiera escucharlos, deciden apoyarlo ciegamente.

Quienes están en la posición contraria reaccionan de manera parecida, pero en sentido contrario. Casi cualquier aseveración presidencial la niegan de entrada, algunas con toda razón y otras porque no tienen la mínima confianza en él. Con la misma intensidad que los partidarios del presidente lo apoyan,  le niegan todo méritos a sus dichos y actos.

Parece que no habrá espacio para conciliación porque así lo decidió el inquilino de palacio desde el día uno. O se acepta todo lo que él diga o se está en contra de su transformación. Pronto sabremos hasta qué punto los mexicanos se resisten a sus absurdos deseos.

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