Desesperación

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Ya ni el intento hace por cuidar las formas. El Presidente participa activamente del debate electoral, descalifica adversarios políticos y organizaciones civiles, hace propaganda con obras públicas, presume supuestos logros que la evidencia desmiente y manipula poderes e instituciones para incidir en las campañas a costa de sobrecalentar el ambiente político, generar focos de inestabilidad y darles la razón a sus detractores. Viola con descaro y a diario la Constitución y la ley ante la impotencia de las autoridades electorales. Así de desesperado anda.

Se entiende. Los saldos negativos de la pandemia, la crisis económica y la ineptitud gubernamental son de tal calado que tratar de evitar su costo electoral con golpes mediáticos está llevando las cosas a extremos peligrosos. Salta a la vista el abuso de poder de quien tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir la Carta Magna y las leyes que emanen de ella, pero que no se detiene ante nada para intervenir en los comicios en beneficio de su partido.

La cancillería presentó una nota diplomática al gobierno de EU por el financiamiento que USAID, agencia norteamericana para el desarrollo, otorga a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), organización de la sociedad civil que recibe legalmente fondos de donantes nacionales y extranjeros, los cuales informa puntualmente al fisco.

El Presidente no refuta con datos o argumentos ninguna de sus investigaciones, algunas de las cuales fueron replicadas profusamente por sus cercanos y seguidores en el sexenio anterior. Denuncia una intervención extranjera en el país a favor de quienes el propio mandatario califica de “golpistas” sin acreditar ningún acto ilegal de su parte, algo que en sí es escandaloso y delirante. Ciudadanos que ejercen legítimamente sus derechos son acosados desde el poder político.

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Andrés Manuel López Obrador habla cada mañana en su condición de Presidente y es preocupante que con esa calidad ataque, estigmatice y calumnie de esa manera a personas y organizaciones cuyas labores están amparadas por la Constitución. Por supuesto que sabe que Claudio X. González se separó de MCCI desde mediados del año pasado, pero el objetivo del régimen es vincular falazmente a la oposición con una supuesta injerencia de la superpotencia, dando a conocer documentos confidenciales en manos del SAT, desinformando con propaganda y usando la diplomacia del Estado mexicano, convirtiéndola en instrumento faccioso de la estrategia electoral oficialista. Hasta eso hemos llegado.

Lo anterior es grave, pero tan sólo un botón de muestra. La mayoría en la Cámara de Diputados operó un juicio de desafuero fast track al gobernador Francisco García Cabeza de Vaca por presuntamente no haber pagado los impuestos por la venta de un departamento, aunque mediáticamente se le señaló por delitos más graves. El Congreso local de Tamaulipas decidió no proceder y mantenerle el fuero al mandatario estatal. Su competencia para decidir en definitiva sobre la cuestión fue reconocida por una resolución del ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá.

La Fiscalía General de la República interpuso un recurso de reclamación para inconformarse, pero de pronto anuncian que les concedieron una orden de aprehensión contra Cabeza de Vaca, lo que constituye un delito. Ese temerario cambio tiene por explicación la intervención de la presidencia de la República en las decisiones de una institución formalmente autónoma. La tragedia en la Línea 12 y la impunidad de los responsables ha generado una extendida indignación con predecibles costos electorales para el partido en el gobierno. Desviar la atención y buscar que se hable de otra cosa es lo que ha propiciado excesos como los señalados. Pero al margen de si lo consiguieron, que es discutible, ha servido para confirmar el talante autoritario y centralista de la 4T, algo que también repercutirá en las urnas.

Para colmo, el Presidente manda señales de intervención en el Banco de México al anunciar que no se ratificará a Alejandro Díaz de León como gobernador y, en su lugar, propondrá a un creyente de la “economía moral”. El espanto juega en su contra. La desesperación no es buena consejera.


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