El mercado laboral mexicano cerró el primer trimestre de 2026 con señales mixtas que han encendido el debate entre analistas y políticos. Según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la tasa de desocupación se ubicó en un 2.4% durante marzo, una de las cifras más bajas de las que se tenga registro reciente, sumando apenas 1.5 millones de personas sin trabajo.
A primera vista, el dato parece una victoria contundente para la administración actual. Sin embargo, al desmenuzar las cifras, el panorama revela grietas importantes en la calidad del empleo. Aunque hay más personas con alguna actividad económica, la informalidad laboral se resiste a ceder, alcanzando al 54.8% de la población ocupada, un incremento respecto al 54.3% del año anterior.
Menos participación y más informalidad
Uno de los puntos que más preocupa a los especialistas es la caída en la tasa de participación económica, que bajó al 58.6%. Esto sugiere que, si bien el desempleo es bajo, esto ocurre en parte porque menos personas están buscando activamente insertarse en el mercado laboral, ya sea por desaliento o por un aumento en la Población No Económicamente Activa (PNEA), que creció en 1.7 millones de personas.
El informe destaca que la ocupación total llegó a 60.2 millones de personas, pero este crecimiento ha sido desigual. Mientras que el empleo masculino creció en 419 mil plazas, la ocupación femenina apenas sumó 3 mil nuevos puestos, evidenciando una brecha de género que se mantiene estancada en la política laboral del país.
El reto de la calidad: subocupación y precariedad
Para el público interesado en la política económica, el dato más revelador no es cuántos trabajan, sino bajo qué condiciones. La tasa de condiciones críticas de ocupación —que mide empleos con salarios muy bajos o jornadas excesivas— se disparó al 39.6%. Esto significa que casi cuatro de cada diez trabajadores en México enfrentan un entorno laboral precario.
Asimismo, la subocupación se situó en 6.7%, reflejando que millones de mexicanos tienen la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas de las que su empleo actual les permite para poder cubrir sus necesidades básicas.
¿Hacia dónde va el empleo?
El cierre de este trimestre deja una pregunta abierta para el Poder Legislativo y el Ejecutivo: ¿es suficiente tener tasas de desempleo bajas si la mayoría de los empleos son informales y precarios? Con una población económicamente activa de 61.6 millones, la presión por generar puestos de trabajo formales y con seguridad social será el eje central de la agenda política en los próximos meses.
A pesar del optimismo gubernamental por el «pleno empleo» técnico, la realidad en las calles muestra un mercado que, aunque absorbe mano de obra, lo hace bajo esquemas que no garantizan estabilidad a largo plazo para las familias mexicanas.






























