Delegados en fuga

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Hoy, cuando amanezca, la Ciudad de México se habrá quedado sin la mayoría de sus gobernantes. Al menos 12, todos perredistas, en bloque se habrán fugado de sus demarcaciones. Y será cuestión de días para que el resto del PRD y los de los otros partidos PRI y PAN dejen su cargo en busca de una nueva aventura electoral.

Dieciséis delegados, no es metáfora, brillarán por su ausencia. En 2006 fueron siete; en 2009, ocho; en 2012, cinco, ahora serán 16 o por lo menos 14, si es que los pronósticos no fallan. No es la primera vez que ocurre que un delegado que debería gobernar para un periodo de tres años decida en el segundo año abandonar la responsabilidad para la que fue elegido por los ciudadanos y emprenda la fuga en busca de colocarse en otra posición electoral, ya sea Congreso local o federal. Pero nunca se había dado el caso de una fuga masiva.

De hecho está previsto en la ley que pueden hacerlo y ser relevados por el director general de Jurídico y de Gobierno de su gabinete a fin de continuar con los servicios, obras y programas respectivos. Digan lo que digan, la tarea para la que fueron elegidos por la ciudadanía quedará inconclusa.

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Los electores a nadie podrán reclamarle una promesa no cumplida de campaña, una labor o proyecto de gobierno inconcluso. El encargado del despacho, acaso tiene como mayor compromiso y vínculo con los vecinos el salario que devenga. Nadie votó por él y, por tanto, no representa nada más que los intereses políticos y económicos de su jefe. Por tanto, muy lejos de ser una concesión graciosa que el propio gobierno central siga trabajando y coordinándose con los suplentes, es apenas lo mínimo que espera la ciudadanía.

En teoría, de los delegados depende el funcionamiento jurídico, económico, demográfico, social y estructural de sus respectivas demarcaciones.

Sin embargo, elegir un delegado en las actuales condiciones que enmarca la ley es el mayor fraude democrático para los electores. Hacen campaña, gastan dinero, prometen grandes transformaciones en sus demarcaciones políticas; mayor seguridad, mejor transporte y servicios eficientes, pero en los hechos resulta que no tienen atribuciones ni facultades para nada, pero en términos generales sólo se encargan de hacer banquetas, la barandilla para otorgar permisos y favores, permitir negocios que le dejan mucho, pero mucho dinero y prebendas.

La fuga de delegados no pone en jaque la viabilidad de las colonias y delegaciones. Son absolutamente sustituibles, pero ello no los exime del compromiso asumido con sus electores, con la responsabilidad ética de concluir la administración de tres años que les fue encomendada.

Por ello desde la ALDF, al margen de que la ley lo contemple como ya he señalado, solicitaremos al Jefe de Gobierno del DF el informe al Congreso local sobre el perfil y formación curricular de los suplentes. Conocer si los delegados en fuga contemplaron un plan emergente para los meses de ausencia.

Urge la Reforma Política que otorgue facultades y responsabilidades plenas de gobierno a los delegados, pero también cambios a las reglas del juego para que las jefaturas delegacionales dejen jugosas estaciones de paso que se exprimen y se abandonen.

Por ahora nos queda apelar a la memoria de los electores, porque la nueva contienda electoral será momento de cobrar las facturas pendientes de aquellos que se caracterizaron por sus escándalos o torpezas de gobierno.


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