Debate por Puebla

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El debate de la semana pasada entre los candidatos a la gubernatura del estado de Puebla amerita algunos apuntes. Toda vez que Tony Gali (PAN-Panal-PT-CPP-PSI) aparece como puntero en todas las encuestas, esperábamos que fuera el blanco de todos los ataques. Así fue. Y jamás perdió él la compostura. Blanca Alcalá (PRI-PVEM) tenía aquí su última oportunidad de acortar distancia. La dejó escapar. Siempre enojada y en papel de víctima, una y otra vez dirigió sus dardos sin dar al blanco. Hablaba como si el PRI jamás hubiera gobernado la entidad. No midió bien los tiempos de su participación y, al final, su voz entrecortada reflejaba frustración de saber que en esta contienda no ha ganado nada y sí perdido mucho. De hecho, no fue su equipo capaz de advertirle que Tony Gali había ya presentado su 3de3 horas antes del debate, llevándola así al ridículo de señalar a su contendiente por la supuesta omisión que pronto fue desmentida por el candidato. Previamente, el propio Tony exhibió una fotografía reciente de Blanca con el ex gobernador Mario Marín, al que señaló como el verdadero coordinador de su campaña. Fue un nocaut.

Ana Teresa Aranda se presentó como es: dicharachera, provocadora, retadora, ocurrente pero sin sustancia. Investida con la candidatura “ciudadana” renegó desde el principio de los partidos políticos. Se dijo portadora de los principios y valores del PAN, pero renunció al mismo por su ambición personal. Habló como si no supiéramos que apenas en agosto pasado seguía asistiendo a las reuniones del Consejo Nacional del partido; que hace menos de un año también figuraba en la planilla de Javier Corral hacia la dirigencia del partido; que entre las cédulas de apoyo que entregó para respaldar su candidatura, hubo decenas de miles con nombres inexistentes en el padrón de electores y otras miles con firmas apócrifas. Vamos, hasta personajes como el secretario ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo, la magistrada del Tribunal Electoral, María del Carmen Alanis y la mismísima hija de Blanca Alcalá aparecieron como firmantes en dichos documentos. Así de burdo. Es obvio pues que el PRI le ayudó a armar el expediente y que su aparato está detrás de su candidatura “independiente” para tratar de dividir el voto panista. Ello quizá explica el por qué no criticó la señora ni con el pétalo de un adjetivo al partido tricolor que, hasta hace poco, era su adversario histórico. Dada su escasa preparación académica y su intrascendente paso por el sector gubernamental, las propuestas de la supuesta candidata ciudadana fueron en realidad ocurrencias, leídas mas no entendidas. Ninguna sorpresa. Ana Tere es mujer de arengas, no de propuestas.

Roxana Luna agarró parejo. Se fue contra todos los candidatos pues, a su decir, ella y su partido (PRD) son el único dique frente a un gobierno al que no se cansó de criticar. Sus demagógicas e irrealizables propuestas de gobierno estuvieron plagadas de lugares comunes y frases hechas para la recordación. Sabe que no tiene la menor probabilidad de ganar.

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Y el candidato de Morena, Abraham Quiroz, apenas hizo acto de presencia. Somnífero.

En suma, el debate no cambiará la tendencia que muestran las encuestas en Puebla. Pero vaya que sirvió para saber de qué está hecho cada quien en esta contienda.


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