Cuando baje el crudo, la gasolina encarecerá

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En este país lo absurdo se impone en cada momento. Buscando mostrar su diferencia con anteriores gobiernos, a los que llama neoliberales, e intentando aparentar que en su gobierno no habrá gasolinazos, el inquilino de Palacio decidió una especie de suicidio económico. En vez de aceptar que con el incremento de precios del crudo, tarde o temprano también suben los de sus derivados (gasolinas, aceites y gas), él se empeña en desconocerlo .

Le importa tanto su imagen que no le preocupa dilapidar recursos públicos beneficiando a las clases pudientes más que a los pobres a los que decía privilegiar. Queda claro que el “Primero los pobres” sólo fue un lema de campaña no una intención política. Aprovechando el ingreso no presupuestado proveniente del alto precio internacional del crudo, ha subsidiado a los combustibles. Hasta el momento su capricho le ha costado miles de millones de pesos al erario. No sólo no ha cobrado el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPES) a los combustibles, también ha otorgado subsidios adicionales. Por ello, la venta de combustibles en la frontera creció 30%.

Subsidiar el precio de ciertos combustibles ha sido una añeja política del Estado Mexicano, pero siempre fue acotada en duración y en ciertos productos. Por años se subsidió el diésel porque se usaba principalmente para tractores agrícolas, lanchas de pescadores y el transporte carretero. Cuando se dieron cuenta de los montos que se requerían para mantener este subsidio, se comenzó paulatinamente a eliminarlo.

Los recursos que recaba el gobierno por IEPES son muy importantes, 505 mil millones de pesos al año. Los recaba, en adición al IVA, en la enajenación, entre otros rubros, de bebidas alcohólicas, cigarros, cigarrillos, refrescos, y por supuesto de combustibles. De todos ellos, el generado por la venta de combustibles es el de mayor calado (63%) y el que tiene más impacto en las finanzas públicas.

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Al prescindir el actual gobierno de esa cantidad no cobrada, e incluso de aportar adicionalmente para aparentar que se mantienen los precios, cuando baje el precio del crudo estará obligado a tomar otras acciones como recortar otros rubros o pedir prestado. Como ya ha recortado innumerables recursos a varios rubros de Salud, Educación y Seguridad no le será fácil encontrar qué otro disminuir.

A México, y a su gobierno, les convienen los altos precios del crudo. A los usuarios nos convienen precios estables de los combustibles, pero que no sean ficticios ni engañosos. Los precios del crudo fluctúan mucho. Lo mismo les hemos visto a 30 dólares por barril que a 150, dependiendo de la demanda y la oferta. En estos momentos la cotización está en 110, si la calidad es la adecuada, pero nadie puede saber con certeza si mañana encarecerá o bajará de precio.

Si este precio se mantiene o sube, el gobierno de México podrá seguir con la estrategia dilapidadora aunque sacrifique valiosos recursos que podrían servir para comprar medicinas, financiar pequeñas empresas (hay que recordar que éstas son las grandes empleadoras) o preparar aulas para hacerlas útiles para hijos de pobladores de zonas depauperadas.

¿Pero que pasará si el precio del crudo se desploma como le sucedió a López Portillo y no le da tiempo -o capacidad- de ajustar el presupuesto? Va a tener dos posibilidades: seguir sacrificando programas que beneficien a la población o bien subir abruptamente los precios de los combustibles, dilapidando buena parte del poco capital político que aún le queda. Ambas posibilidades son fatales para MORENA y sus candidatos. Los mexicanos preferimos que se nos hable con la verdad no con más engaños.


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