CDMX

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Durante décadas el Distrito Federal fue referencia obligada de las demás entidades del país. Hoy, la Ciudad de México debe significar algo más que un simple cambio de nombre y reforma constitucional. La nueva Ciudad de México tiene la oportunidad de trabajar para el bienestar de los ciudadanos y hacer a un lado las malas prácticas que han estado arraigadas en la capital del país durante tantos años.

Es el inicio de una nueva era que puede significar mejores políticas públicas, mejor impartición de justicia, más seguridad y una mayor calidad de servicios básicos para quienes formamos parte de su población. 

El aún jefe de Gobierno será el encargado de enviar una propuesta de Carta Magna a la Asamblea Constituyente.

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Para ello, Miguel Ángel Mancera ha anunciado que integrará un grupo de doce expertos en temas de urbanismo y desarrollo para preparar el camino hacia la elaboración de un documento que impulse a la ciudad.

La tarea no es sencilla y la línea entre construir a favor del desarrollo u obstruirlo es casi invisible. Por ello, es necesario crear una constitución que tenga como fundamento el bienestar de los ciudadanos y como objetivo el uso pleno del potencial de lo que fue el Distrito Federal, la capital de nuestro país y una de las ciudades más grandes del mundo. 

Para ello será necesario capitalizar cada uno de los beneficios que conforman la composición del estado, como la autonomía presupuestal, que podría permitir un mejor ejercicio de los recursos; la inclusión en los programas sociales de nivel federal, que podría incrementar la posibilidad  de llegar a mayor número de familias y combatir de una vez por todas la marginación creciente por la que atraviesa el aún Distrito Federal. 

Tampoco se puede olvidar la oportunidad de la conformación de un Congreso local, dejando a un lado la Asamblea Legislativa, para dar paso a una verdadera pluralidad política, así como al reacomodo de fuerzas partidistas, que podrán permitir el nacimiento de un verdadero debate a través de una oposición, que hasta hoy estaba ensombrecida por los dos partidos dominantes.

A ello se suma también la oportunidad de generar gobiernos municipales más transparentes, en donde la rendición de cuentas sea un requisito y no una concesión.

Ayuntamientos en donde se trabaje por el beneficio integral de sus habitantes y no se limite a la repartición populista de beneficiarios simpatizantes. Un nuevo contrapeso de poderes que dé mayor espacio a la participación ciudadana.

Hoy, la Ciudad de México cuenta con la oportunidad de reconstruirse, reformarse y renacer en una capital vanguardista, justa, democrática y eficiente.

 El reto no es menor, pero con el trabajo conjunto de todas las fuerzas políticas y los ciudadanos, nuestro futuro puede ser distinto.


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