jueves, julio 16, 2026
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8.- T-MEC: salinastroika sin prisnost, ni Juárez ni Gorbachov

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Más que ser un ideólogo o un estadista, Carlos Salinas de Gortari –como el operador central del modelo económico, político, ideológico y geopolítico del Tratado– no estuvo a la altura de dos referentes que tuvo en mente al echar a andar la negociación del acuerdo comercial con Estados Unidos: el Juárez de los dos liberalismos –mercado con democracia– y el Gorbachov de la perestroika y la glasnost –también mercado con democracia–.

Salinas llegó a la presidencia como un nieto del PRI y su modelo fue el de un Estado con mercado, aunque nunca pudo conciliar sus ideas-fuerza aprendidas en el entorno familiar de su padre Raúl Salinas Lozano, secretario de Economía de López Mateos y promotor de la sustitución de importaciones, ni con el socialismo en modo de Mao y no Marx-Lenin-Stalin en la Escuela de Economía de la UNAM. Su propuesta como precandidato presidencial fue modernizar la economía con un Estado más flexible hacia el mercado.

Tres hechos le modificaron su pensamiento: el colapso de la Unión Soviética a finales de 1989, la influencia ideológica del socialista-conservador en modo de oxímoron Joseph-Marie Córdoba Montoya y el engaño de François Mitterrand en Francia para aceptar desde el socialismo la condicionalidad del FMI y su modelo de mercado que sacrificó a la sociedad.

Los dos discursos eje –axiales– de Salinas de Gortari fueron determinantes en encontrarle la cuadratura social al círculo del Estado-mercado: la explicación en agosto de 1985 sobre la reforma de rectoría del Estado del presidente Miguel de la Madrid (https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/7CRumbo/1985%20CSG.RecEdo.html) para reconocer el fin histórico del Estado en aras del mercado y el anuncio en marzo de 1992 en el PRI (https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/7CRumbo/1992-D-CSG-L.html) de que terminaba el ciclo de la Revolución Mexicana y llegaba el período del “liberalismo social” que había intentado explicar Jesús Reyes Heroles en sus tres tomos sobre El liberalismo mexicano: el ideal de los dos liberalismos, mercado con democracia.

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Salinas no tuvo tiempo ni estructura política para desarrollar sus teorías juaristas y gorbachianas de mercado y Estado y las aplicó en modo autoritario priista en el corto periodo de 1983-1992. La reforma restrictiva del Estado significó una verdadera contrarrevolución productiva, y en diciembre de 1993, a su regreso de una gira por Europa, declaró que el soviético se había equivocado porque no podía haber reformas conjuntas en lo económico y lo político. Por eso su modelo se resumió en la percepción de una salinastroika (reorganización productiva a favor del mercado), pero sin prisnost (profundización del autoritarismo en el control del PRI como partido del Estado).

La candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio Murrieta cuadró la extensión de los sexenios neoliberales con una tercera posibilidad –después de De la Madrid y el propio Salinas–, pero a pesar de haber sido forjado por el propio Salinas como precandidato, el sonorense redefinió su modelo de gobierno el 4 de marzo de 1994 anunciando la reforma política y desinflando la modernización productiva y el Tratado. Colosio había pactado la Secretaría de Gobernación de su gabinete con Manuel Camacho Solís –paradójicamente también neoliberal– para priorizar la democratización. El asesinato de Colosio facilitó el reacomodo y el Ernesto Zedillo de Córdoba Montoya llegó a Los Pinos para profundizar el neoliberalismo, sin democracia aunque a costa de descarrilar la figura política y social de Salinas de Gortari.

Los presidentes de Zedillo a Peña Nieto mantuvieron el enfoque de una modernización del sistema productivo de mercado sacrificando al Estado y no sólo como sector productivo sino como autoridad reguladora, y distensionado poquito la política con acuerdos más electorales que democratizadores. De 1983 a 2018 se consolidó el modelo de desarrollo de economía de mercado con asistencialismo mínimo y en repliegue a favor sólo de los más pobres y no –como era la propuesta original de Carranza, Cárdenas y Echeverría– a favor de los sectores no propietarios de medios de producción, los obreros que sudaban para ajustes salariales.

Aunque Salinas de Gortari prometió en su discurso de modernización productiva una reconstrucción del sector industrial y agropecuario para mayor competitividad con Estados Unidos, se impuso la estrategia cómoda de Jaime Serra Puche de liberalización arancelaria sin una política de modernización industrial que el propio Salinas había prometido en su programa de 1990.

El Tratado se ahogó en un paquete arancelario y nunca –ni de cerca– quiso explorar el modelo mixto de Gorbachov: perestroika con glasnost.

Política para dummies: la política le da e Estado a la economía.

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http://elindependiente.mx

@carlosramirezh

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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