sábado, agosto 1, 2026
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DeVotos y otros políticos Nonsanctos: Prohibido el insulto selectivo

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Miren nada más qué delicadeza de porcelana se les salió de repente a los de Morena. Resulta que ya no les gusta que les digan “narcopartido”. Presentaron su quejita ante el Instituto Nacional Electoral, y la autoridad, toda solícita, les dio la razón: ordenó al PRI y a su dirigente Alejandro Moreno que dejen de usar ese y otros calificativos parecidos. Nada de “narcogobierno”, “cártel de Morena” ni cosas por el estilo. Que borren publicaciones y se comporten. ¡Qué lindos!

Hasta ahí, uno podría pensar: “Bueno, nadie quiere que le cuelguen el sambenito del narco, y menos en campaña o en la vida pública”. Protección de la imagen, se dice. Evitar difamaciones. Muy noble. Pero entonces, ¿por qué la vara no mide igual para todos?

Porque resulta que los mismos que ahora se ofenden cuando les dicen “narcopartido” no tienen el menor empacho en llamar al PAN “el partido del Cártel Inmobiliario” cada que pueden. Y al PRI, sin pestañear, “el partido de la corrupción”. Día sí y día también. En mítines, en redes, en declaraciones. Y nadie del Instituto Nacional Electoral sale corriendo a ponerles un freno. Qué conveniente, ¿verdad?

Si de verdad se trata de no dañar la imagen de los partidos y de evitar que se lancen acusaciones que huelen a difamación, entonces hay que ser parejos. O todos se callan los apodos fuertes, o todos siguen tirándose de a tiro libre. No se vale que unos tengan escudo y los otros anden a pecho descubierto. Eso no es justicia electoral; eso es favoritismo disfrazado de sensibilidad.

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La política mexicana siempre ha sido tierra de gritos, sobrenombres y acusaciones. Desde “el priísmo es la corrupción hecha partido” hasta “los panistas son unos riquillos desconectados” y ahora el “narcopartido” que tanto les arde. Pero si vamos a poner reglas de urbanidad, que sean para todos los colores. Que le prohíban a Morena el “Cártel Inmobiliario” y el “partido de la corrupción”, igual que le prohibieron al PRI el “narcopartido”. Si no, se ve feo. Se ve de dos caras. Se ve, francamente, como que unos pueden y otros no.

Porque si el Instituto Nacional Electoral se dedica a limpiar el lenguaje solo de un lado, entonces no está cuidando la democracia: está cuidando a un partido. Y eso, mis estimados, ya huele peor que cualquier apodo.

Al final, en este país de políticos nonsanctos, lo único que debería estar prohibido es la hipocresía selectiva. Pero esa, como siempre, se sigue vendiendo a granel.

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