Ay, Nancy Nápoles, alcaldesa morenista de Tenancingo, qué manera de complicarse la vida. La señora denuncia que la están desacreditaando con una campaña negra por el tema de su “secuestro”, ese que según ella fue de a deveras. Pero la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, nada menos que del mismo color político que ella, la acusa de haber montado todo el numerito para tapar un desfalco de unos 40 millones de pesos del erario municipal.
Según las investigaciones, el 31 de mayo armó un teatro con su esposo y su cuñado como directores de la obra: llamadas, geolocalizaciones que no cuadran, rutas que evitaban cámaras y un rescate millonario que supuestamente iba a salir de las arcas públicas para “pagar” y justificar el faltante. Ya hay detenidos y prófugos en la familia. La cosa pinta seria.
En lugar de preocuparse por demostrar su inocencia con pruebas sólidas, la edil sale a señalar a sus propios compañeros de partido. Culpa a “subalternos” de la Secretaría de Gobierno del Edomex y, de paso, apunta hacia Horacio Duarte. Como si eso la hiciera ver más limpia. Al contrario, le da un aire de que adentro de Morena hay quien ya no la quiere cubrir y prefiere que caiga para no salpicar más alto.
El municipio “está financieramente sano”, dice ella. Ojalá sea cierto, porque los tenancinguenses merecen que su dinero no se vaya en rescates de novela. Mientras tanto, la fiscalía morenista del estado sigue adelante con la ofensiva judicial. Eso sí que es incómodo: ni siquiera pueden decir que es persecución de la oposición.
Al final, este sainete deja una lección clarita: cuando uno juega con fuego y con el dinero del pueblo, tarde o temprano se quema. Y echarle la culpa al de al lado no apaga las llamas, nomás las aviva. Nancy, mejor dedíquese a aclarar las cosas con hechos, no con videos de honorabilidad. El pueblo ya está harto de cuentos.






























