sábado, agosto 1, 2026
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El Regreso del Tricolor y el Desgaste de Morena

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El sistema político mexicano raramente ofrece señales claras; casi siempre se expresa en paradojas. La más reciente y provocadora de ellas es que en pleno gobierno de Morena —partido que llegó al poder prometiendo una transformación sin precedentes— una franja creciente de ciudadanos confiesa, en voz baja primero y cada vez más en alto, que extraña al PRI. No al PRI de sus glorias imaginadas, sino simplemente al PRI como alternativa a lo que hoy se vive.

El desgaste de Morena: datos que no mienten

La tendencia tiene sustento en cifras. Según la encuesta de Buendía & Márquez publicada por El Universal en febrero de 2026, la intención de voto por Morena cayó de 46% en febrero de 2025 a 34% en el mismo mes de 2026, una pérdida de doce puntos en apenas un año. El segmento apartidista, en cambio, pasó del 33% al término del gobierno de Andrés Manuel López Obrador a un 42% de «independientes» en febrero de 2026. Esos votantes sin hogar partidista son el gran botín electoral de cara a 2027.

Las causas del desencanto son múltiples. La ciudadanía manifiesta en encuestas que sus prioridades son la seguridad, la salud y la economía, además de percibir una alta corrupción gubernamental. A esto se suman episodios que han erosionado la narrativa de la «cuarta transformación: la ostentación de artículos de lujo, propiedades millonarias que no guardan proporción con ingresos de servidores públicos, y presuntos vínculos con el crimen organizado han lastimado la imagen del partido. La promesa de un gobierno diferente choca con prácticas que el propio movimiento criticó durante décadas.

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Coahuila: señal real o espejismo electoral

El laboratorio más reciente para medir este fenómeno fue Coahuila. El Instituto Electoral del estado validó que el PRI logró el 53.66% de los votos —651 mil sufragios— frente a un 23.91% de Morena en las elecciones legislativas del 7 de junio. El PRI se llevó carro completo en los 16 distritos de mayoría relativa, mientras el PAN se desplomó al quinto lugar de fuerza política con apenas el 2.17% de los sufragios.

El triunfo tiene, sin embargo, contexto obligado. Coahuila es considerado el último bastión electoral del PRI, entidad que ha mantenido la gubernatura de manera ininterrumpida desde 1929, lo que convierte el resultado en una consolidación de fortaleza territorial más que en una señal de resurgimiento nacional. El terreno es favorable al tricolor por razones históricas, culturales y de estructura política local que no se replican fácilmente en estados donde Morena tiene raíces más profundas.

A lo anterior se suma la sombra de la denuncia. Morena solicitó la nulidad de las 16 diputaciones locales ante el Tribunal Electoral, alegando irregularidades en 962 casillas, equivalentes al 22.6% del total instalado. El partido acusó lo que denominó «QRgate»: operadores presuntamente vinculados al PRI habrían distribuido códigos QR entre ciudadanos para registrar su voto a cambio de una compensación económica. El PRI rechazó las acusaciones y el Instituto Electoral local validó los resultados por unanimidad. El asunto está en tribunales, pero el sabor de la duda queda instalado.

«Alito» Moreno y el discurso de la oposición con carácter

Sobre este terreno movedizo, Alejandro Moreno Cárdenas ha construido un relato agresivo y definido. Tras los comicios de Coahuila, el dirigente del PRI afirmó que su partido es «la verdadera opción de la oposición» y aseguró que Morena «se topó con pared». Su discurso no escatima en confrontación: acusa a Morena de haber concentrado un nivel de poder que no se había visto en décadas y presenta los comicios de 2027 como una «decisión histórica» para el país.

El problema de este relato es su emisor. Moreno Cárdenas arrastra señalamientos propios de corrupción que han dañado su imagen de manera persistente. Las encuestas ubican al PRI en terreno negativo con un balance de -45 puntos en la valoración ciudadana, convirtiéndolo en el partido con peor saldo de opinión, un dato que contradice la narrativa triunfalista poscoahuila. El PRI enfrenta además un «techo de cristal» con un 41.29% de rechazo hacia todos sus aspirantes.

Su llamado a construir una gran alianza PRI-PAN-Movimiento Ciudadano enfrenta obstáculos políticos importantes, ya que tanto el PAN como MC han mantenido distancia del PRI a nivel nacional. La ruptura de la histórica alianza PRI-PAN en Coahuila antes del proceso electoral actual ilustra que la unidad opositora sigue siendo más aspiración retórica que acuerdo concreto.

Morena: desgastada pero no vencida

Reducir el escenario a un renacimiento priista sería un error de análisis. Morena mantiene una intención de voto del 34% frente al 8% del PRI, y su brecha con el resto de los partidos, aunque reducida, sigue siendo amplia. Su estructura clientelar, sostenida por programas sociales que llegan directamente a los beneficiarios, representa un capital político que no desaparece con el desencanto urbano. Las transferencias directas crean lealtades electorales difíciles de erosionar, sobre todo en regiones donde el Estado tiene presencia básicamente a través de esos programas.

Lo que Coahuila confirmó es que Morena es derrotable en territorios donde no tiene hegemonía. Lo que las encuestas advierten es que su base se está estrechando. Lo que el PRI celebra puede ser una señal real de recomposición o simplemente el ruido de un partido que ganó en su única plaza segura. La diferencia entre ambas lecturas determinará el mapa político de 2027.

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