miércoles, junio 3, 2026
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Soberanía y dictadura

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De reversa, mami.

No pasaron 24 horas cuando la presidenta Sheinbaum ya había deslindado a Donald Trump de los duros señalamientos que hizo en el mitin.

Que no se refirió a él, sino a sectores de la “ultraderecha estadounidense” que tampoco identifica, pero les reconoce enorme poder.

Necesitan un enemigo externo para envolverse en la bandera y tratar de salir del atolladero apelando al nacionalismo, pero no le ponen el cascabel al gato porque son conscientes de su debilidad frente al gobierno de Estados Unidos.

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Maromas al filo de la navaja.

Es estrategia de campaña rumbo a las elecciones del próximo año; presentan el dilema ciudadano entre patriotas contra traidores a la patria, muy al estilo populista; pero también es un recurso desesperado de sobrevivencia.

No entregan a los narcopolíticos solicitados porque, dicho por la propia mandataria, luego vendrán por otros y acabarían decidiendo el resultado de los comicios.

Hay consciencia del grado de penetración del crimen.

Sinaloa es solo un botón de muestra de un patrón que se repite y proteger a los correligionarios acusados evita abrir una llave que después no puedan cerrar y que, incluso, exponga al líder del “movimiento”.

No están dispuestos a conceder las extradiciones de los políticos coludidos porque eso sería un suicidio, ni tampoco a confrontarse en serio con quienes las piden por lo mismo. Menudo lío.

Es lógico que, dadas las circunstancias, se sientan acorralados, pero preocupa que su desesperación los lleve a acelerar el paso en la ruta autoritaria.

En lugar de convocar a la pluralidad para encontrar una salida legítima al entuerto, agudizan la polarización interna y aprovechan las ventajas que les da el control institucional sin contrapesos, despreocupados de enseñar el cobre.

No quieren arriesgar su permanencia en el poder, aunque el pueblo los repudie en las urnas. Por eso impusieron de emergencia la causal de nulidad por “injerencia extranjera” y abrieron la puerta para que magistrados obedientes que la aplicarán a discreción se queden el equivalente a tres sexenios.

Obsceno regalazo.

La serpiente se muerde la cola a la vista de todos. No hay pudor, la exultante complicidad cierra el ciclo y lo renueva.

En la reforma judicial del plan C, presentada por López Obrador, se estipuló le extensión del mandato por tres años de los magistrados electorales que concluían labores en 2024; poco después, ellos avalarían la inconstitucional sobrerrepresentación que le entregó al oficialismo la espuria mayoría calificada con la que se aprobó dicho cambio constitucional.

Amor con amor se paga y la historia se repitió como farsa.

Con la iniciativa para posponer la elección judicial al 2028 les dieron otro año más en el cargo.

Pero no quedó ahí, de manera sorpresiva los diputados del régimen aprobaron una reserva no anunciada que les permite postularse para la reelección.

Así que, si son favorecidos por los acordeones que no quisieron ver en las pasadas votaciones, concluirían en 2034, tras 18 años en funciones.

No necesitamos imaginar quid por quo, hemos visto en estos años cómo los intereses facciosos del régimen han sido celosamente custodiados por la mayoría de los beneficiados con la adición reeleccionista, incluso mediante resoluciones y sentencias aberrantes.

El régimen quiere blindarse de los procesos judiciales en Estados Unidos y tener manga ancha para actuar contra opositores.

Es un terreno preocupante porque la narrativa contra el “imperialismo norteamericano” ha sido la coartada preferida para la represión en las dictaduras bolivarianas que tanto defiende el obradorato.

Entre más amenazados se sienten, más autoritarios se muestran y la dictadura asoma la cabeza.

La alternativa que propone que en México se juzgue la narcopolítica tiene el inconveniente de la falta de credibilidad de un sistema de justicia cooptado.

Durante años no movieron un dedo contra Rocha Moya pese a la evidencia de su sucia elección y del montaje para ocultar las condiciones del asesinato de Melesio Cuén.

Para colmo, los ministros de la corte del acordeón asisten en primera fila al mitin de Sheinbaum y aplauden su defensa de los indiciados en Estados Unidos. Así no se puede.

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