Lo ocurrido es insólito y marca un punto de no retorno. El conflicto es delicado, apenas está comenzando y es inevitable que escale. Estados Unidos no dará marcha atrás en sus solicitudes de extradición que, por lo pronto, incluyen a un gobernador, un senador y un alcalde.
Por su parte, el gobierno mexicano se resiste a concederlas por los altos costos políticos, el resquebrajamiento irreparable de su narrativa y las insospechadas consecuencias de abrir un grifo que después no puedan cerrar y que alcancen a Andrés Manuel López Obrador.
Están en un callejón sin salida porque no pueden plantearse en serio la confrontación más allá de desplantes retóricos; saben que tienen todo que perder. Así la asimetría y dependencia.
Al igual que con la resolución del Comité de Desaparición Forzada de la ONU, aquí también hay una oportunidad que no se quiere aprovechar y que tiene que ver con depurar al Estado de los nexos y la penetración del crimen organizado. La presidenta Sheinbaum podría librarse de lastres heredados, hacerse de margen de maniobra y fortalecer su liderazgo si cumple con el tratado de extradición y no obstaculiza las investigaciones en Estados Unidos; pero hasta ahora ha optado por mantener el pacto de impunidad y cubrirle las espaldas a su antecesor.
Lo ideal sería que en México se actuara de motu propio contra la narcopolítica, pero es claro que los resortes dominantes apuntan hacia la impunidad. Morena capturó y partidizó la impartición de justicia, desde las policías hasta los jueces pasando por las fiscalías, y su instinto de conservación lo lleva a proteger a sus criaturas porque no se trata de hechos aislados, improvisados o accidentales. La política de “abrazos, no balazos” fue coartada de alianzas electorales que como nunca empoderaron política, económica y territorialmente a los cárteles y que, a su vez, sirvieron para instaurar la hegemonía actual de ese partido.
Sinaloa es un botón de muestra, aunque ciertamente el más emblemático y significativo por ser el centro neurálgico del cártel con ese nombre, el cual tuvo una grosera participación en las elecciones del 2021 que renovaron la gubernatura. Las amenazas, los secuestros y la operación en casillas quedaron documentadas y ahí comienza la acusación contra Rubén Rocha Moya en Nueva York.
Por cierto, las mismas prácticas con los mismo aliados se dieron el mismo año en otras entidades, sobre todo del Pacífico. Hubo denuncias, pero las instituciones prefirieron mirar hacia otro lado para no confrontar al omnímodo poder presidencial; sin embargo, un expediente con evidencias se entregó en la OEA.
Después del secuestro-captura del Mayo Zambada, quien en una carta aseguró que le tendieron una trampa cuando se iba a reunir con el gobernador y que observó en el lugar a Melesio Cuén, rival de Rocha Moya que fue asesinado ese mismo día, la violencia se desató y el mandatario no solo quedó rebasado sino que fue señalado como parte del problema por una de las facciones en guerra. Sin embargo, decidieron sostener al gobernador y detener las investigaciones, no obstante la exhibición del montaje de la fiscalía estatal para ocultar las condiciones de la muerte de Cuén, haciéndolo parecer como robo fallido en una gasolinera.
Rocha Moya es el eslabón más débil por impresentable, pero también el más comprometedor por lo que sabe de apoyos ilegales a sus correligionarios y haber acompañado a López Obrador seis veces a Badiraguato, municipio de 25 mil habitantes. No es, pues, un personaje desechable para el régimen. Por eso lo protegen recurriendo a la retórica masiosare de defensa de la soberanía, aunque ya hayan entregado a 98 mexicanos sin juicio.
Contrariando el tratado de extradición, la administración Sheinbaum da bola a la FGR para negar la detención preventiva y posterior extradición por “falta de pruebas”. De alguna manera buscan reeditar el caso Cienfuegos, reclamando que sean juzgados en México, pero para los Estados Unidos el episodio es un agravio y se sinieron engañados con la absolución fast-track. Por lo mismo, no los veo aceptando algo menos que la entrega de los diez acusados y tienen muchas formas de presionar para lograrlo.






























