El mercado laboral mexicano vive un momento de claroscuros. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) publicados este 24 de abril de 2026, la población ocupada en el país alcanzó los 60.2 millones de personas. Sin embargo, detrás de esta cifra se esconde un síntoma que preocupa a los analistas: la calidad del empleo está retrocediendo frente al avance de la informalidad y la caída de sectores clave como la manufactura.
En marzo de 2026, la tasa de informalidad laboral escaló al 54.8%. Esto significa que más de la mitad de los trabajadores en México carecen de seguridad social, prestaciones y estabilidad jurídica. Mientras el sector servicios y los restaurantes han servido como el motor que mantiene a flote la ocupación, la industria manufacturera sufrió un golpe severo con la pérdida de más de 384 mil puestos de trabajo en el último año.
Un desempleo con rostro «millennial»
Aunque la tasa de desocupación se mantiene en niveles históricamente bajos (2.4%), el perfil de quienes buscan trabajo está cambiando. Actualmente, cerca de 1.5 millones de personas se encuentran desempleadas en México. Lo más revelador del informe es que la mitad de estos buscadores de empleo pertenecen a la generación millennial, quienes enfrentan un mercado que ofrece plazas, pero muchas veces sin las condiciones de seguridad social que demandan las nuevas etapas de su vida.
La brecha de género persiste
Los datos del INEGI también subrayan una desigualdad estructural que no cede. De los 422 mil nuevos puestos generados en comparación con el año anterior, la gran mayoría fueron ocupados por hombres (419 mil), mientras que el crecimiento en la ocupación femenina fue casi nulo, sumando apenas 3 mil mujeres al mercado laboral formal o informal. Esta disparidad refleja las barreras que siguen enfrentando las mujeres para integrarse plenamente a la fuerza de trabajo remunerada.
Subocupación y condiciones críticas
No basta con tener empleo; el reporte advierte que el 6.7% de los trabajadores tiene la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas de las que su empleo actual les permite. A esto se suma la «Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación», que se disparó al 39.6%. Este indicador mide a las personas que trabajan jornadas muy largas por ingresos miserables o, por el contrario, jornadas muy cortas que no cubren sus necesidades básicas.
Para el cierre del primer trimestre de 2026, el mensaje del INEGI es claro: México tiene gente trabajando, pero lo está haciendo bajo condiciones de alta vulnerabilidad. El reto para la política económica no es ya crear empleos a cualquier costo, sino rescatar la formalidad y dar certidumbre a una fuerza laboral que hoy sobrevive entre baches y jornadas incompletas.





























