El mercado automotriz en México atraviesa una transformación sin precedentes hacia la movilidad sustentable. Al cierre del primer trimestre de 2026, la venta de vehículos híbridos y eléctricos alcanzó las 43,895 unidades, consolidando una tendencia al alza que redefine las preferencias del consumidor mexicano y las prioridades de la industria nacional.
De acuerdo con el más reciente reporte de la consultora TResearch, basado en datos del INEGI, estos vehículos ya representan el 11.5% del total del mercado automotriz en el país. Esta cifra es reveladora si se compara con años anteriores: en 2024 la participación era del 8.2% y en 2025 subió al 9.6%, lo que demuestra que la adopción de tecnologías limpias ha dejado de ser un nicho para convertirse en un pilar del sector.
La distribución del éxito de estos vehículos, sin embargo, muestra una fuerte concentración geográfica vinculada al poder adquisitivo y la infraestructura de carga. Tan solo tres entidades —la Ciudad de México, el Estado de México y Nuevo León— concentran prácticamente la mitad (49%) de todas las ventas realizadas durante el actual sexenio. La capital del país lidera cómodamente el ranking con 59,006 unidades vendidas, seguida por el Estado de México con 30,463 y Nuevo León con 23,236.
A pesar de esta concentración en los grandes polos económicos, el reporte destaca que el crecimiento es un fenómeno visible en todo el territorio nacional. Incluso en estados con menor volumen de ventas, como Zacatecas, Guerrero y Tlaxcala, se registran movimientos que indican una expansión gradual de la infraestructura y el interés por dejar atrás los motores de combustión interna.
En términos históricos, el salto es cuantitativo. Mientras que en 2016 apenas se comercializaron 8,265 unidades de este tipo, el año 2025 cerró con un récord de 146,123 vehículos, lo que representa un crecimiento sostenido impulsado por una mayor oferta de modelos y una creciente conciencia ambiental entre los compradores.
Para el público interesado en la política económica, estas cifras no son solo estadísticas de consumo; representan un indicador del avance de México en sus metas de descarbonización y su capacidad para atraer inversiones en la cadena de valor de la electromovilidad. La estabilidad en el crecimiento sugiere que, a pesar de los retos en infraestructura eléctrica, el mercado mexicano ha tomado una ruta sin retorno hacia la electrificación.






























