Inició la temporada de renuncias en el gabinete con el sigilo de quien se va de fiesta sin despedirse: uno por uno, los funcionarios empacan su escritorio y se lanzan al “sagrado” de las gubernaturas de 2027. La primera salida oficial es la de Estela Damián, consejera jurídica de la Presidencia, que se despidió de Palacio para lanzarse a la gubernatura de Guerrero, país que por décadas ha sido el reality show de Morena: violencia, corrupción y aspirantes que entran y salen como en una telenovela.
Claudia Sheinbaum, en su papel de “jefa de recursos humanos tricolor”, fue muy clara: “No hay candidatos ni candidatas, pero si alguien quiere irse a competir, que se vaya dejando el puesto”. Traducción: el gabinete es un entrepaño, no un cargo de por vida. Damián, por ejemplo, ya ni siquiera se quedará hasta el final: presentó su renuncia y se va el 30 de abril, justo a tiempo para que el reloj de la carrera electoral no la coja de sorpresa. Hay quien dirá que es lealtad al proyecto; otros que solo es lealtad al siguiente puesto.
Lo interesante no es que alguien se vaya —eso siempre pasa en política—, sino que su salida ya está moviendo piezas en la dirigencia nacional de Morena. La misma persona que hoy abandona su oficina en Palacio se menciona como posible nueva responsable de la Secretaría de Organización del partido, uno de los puestos más pesados: el que controla el quién, el cómo y el con quién de la campaña. O sea, pasa de editar leyes y opiniones jurídicas a organizar mítines y repartir migas territoriales. De lo técnico a lo táctico, de lo serio a lo festivo.
Y claro, esto solo es el primer episodio de la temporada. Jálarse del gabinete para irse a la gubernatura es hoy el “dream job” cachondito de la política mexicana: dejar el sueldo estable, el protocolo y las reuniones infinitas, por los gritos en el zócalo, los mítines en el polvo y los “¡me traen la torta!” en las redes. Se espera que en las próximas semanas el gabinete se quede más liviano, como una maleta de aeropuerto después de que todos se robaron las cosas buenas. Cada uno que se va lleva un pedazo de la administración, pero también se lleva un poco de la credibilidad: si el gobierno se vende como “funcionario útil”, ¿qué decir cuando el primero en irse busca un puesto de campaña?
En el fondo, la política mexicana demuestra otra vez lo mismo: el poder se usa como parada técnica, no como destino. Mientras Morena reordena su plantilla y el gabinete se vuelve más caduco, el mensaje al público es claro: prepárate para ver más “renuncias decorosas” y menos servidores públicos de verdad. Pero ni modo, como se dice en el barrio: “si el puesto no es para ti, al menos que sea para tu próximo chido”.



























