En un país que no logra sacudirse la sombra de la inseguridad, las cifras de homicidios continúan siendo el termómetro principal de la estabilidad social y política. Al cierre de la primera semana de marzo de 2026, el reporte «La Guerra en Números» de TResearch revela un panorama complejo: aunque se observa una tendencia a la baja en los promedios diarios en comparación con periodos anteriores, el acumulado histórico sigue pesando en la memoria y el análisis de la gestión actual.
Hasta el 7 de marzo de 2026, el sexenio actual registra un total de 36,877 homicidios acumulados en sus primeros 522 días. Esta cifra arroja un promedio de 71 asesinatos diarios, una reducción notable frente a los 95 diarios que se promediaron durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, pero aún por encima de los 55 registrados con Felipe Calderón o los 28 de Vicente Fox. La estadística es fría pero contundente: en México se comete un homicidio cada 20 minutos.
El análisis geográfico de la violencia muestra una disparidad alarmante entre las entidades federativas. Guanajuato se mantiene como el epicentro del conflicto con 4,123 homicidios en lo que va del sexenio, seguido por el Estado de México con 2,775 y Chihuahua con 2,708. Estos tres estados concentran gran parte de la actividad delictiva del país. En el extremo opuesto, Yucatán aparece como el estado más seguro con apenas 59 casos reportados, lo que subraya la existencia de dos realidades opuestas conviviendo bajo una misma frontera.

Un dato que invita a la reflexión es el comparativo anual. Durante los primeros meses de 2026 (enero a marzo), se han contabilizado 3,129 homicidios, lo que representa una caída del 59% respecto al mismo periodo de 2025, cuando se registraron 7,719 casos. Si bien esta disminución es significativa y podría interpretarse como un avance en las estrategias de seguridad, el promedio diario del sexenio sigue siendo un reto mayúsculo para las autoridades, especialmente en los «puntos calientes» del centro y norte del país.
La evolución histórica muestra que, tras el pico máximo alcanzado en 2020 con más de 36,700 víctimas anuales, el país ha iniciado un descenso gradual. Sin embargo, para el ciudadano de a pie, la percepción de seguridad no siempre viaja a la par de las gráficas. Mientras entidades como Colima o Zacatecas han tenido días con cifras críticas, otros como Tlaxcala o San Luis Potosí han logrado reportar jornadas sin víctimas, demostrando que la batalla contra el crimen es, por ahora, una guerra de territorios y estadísticas variables.




































