lunes, marzo 2, 2026
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Mañaneras: El buzón de quejas locales

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En este México nuestro, donde todo se resuelve con un “a ver, presidente”, las conferencias mañaneras y las giras presidenciales se han convertido en el nuevo confesionario nacional. Da igual si el tema es federal o si se trata de la tapa del drenaje en la colonia: alguien levanta la mano y le suelta a la presidenta Claudia Sheinbaum una petición bien específica, como si Palacio Nacional fuera el mostrador de quejas del ayuntamiento.

El fin de semana pasado, durante su gira por Quintana Roo, le tocó el turno a un asunto bien jugoso de política local. Alguien le pidió –o más bien le exigió– que no se mencionara a cierto aspirante de Morena a la gubernatura. La respuesta de Sheinbaum no se hizo esperar: regañó a la gobernadora Mara Lezama, recordándole que esas cosas no se manejan así, que hay reglas y que la presidenta no anda interviniendo en candidaturas estatales. Fue un jalón de orejas en público, de esos que duelen más porque quedan grabados para la posteridad.

Lo curioso –y lo que indigna a muchos– es cómo se ha normalizado esta dinámica. En las mañaneras, reporteros (o supuestos reporteros) preguntan por todo: desde el precio del jitomate en el mercado de Iztapalapa hasta pleitos entre alcaldes prianistas en el interior. Y en las giras, igual: la gente se acerca, le planta cara a la presidenta y le pide que resuelva lo que el gobernador, el alcalde o el diputado no han movido un dedo. Como si Sheinbaum tuviera varita mágica y tiempo para ser ombudsman de 32 entidades.

Desde luego, hay quienes defienden el formato: dicen que es democracia directa, que el pueblo tiene voz y que la presidenta escucha. Otros, más cínicos, lo ven como show mediático donde se cuelan agendas personales, campañas encubiertas o simple desmadre para ganar likes. En el caso de Quintana Roo, el regaño a Mara Lezama –quien por cierto ha sido aliada fiel de la 4T– deja un sabor agridulce: ¿por qué una gobernadora morenista necesita que la presidenta le ponga los puntos sobre las íes en un tema de sucesión interna? ¿Tan floja anda la disciplina partidista que hay que recurrir al mando supremo?

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Al final, esto refleja un México donde la figura presidencial sigue siendo el centro de todo. AMLO lo instauró con maestría, y Sheinbaum lo hereda sin querer queriendo. Mientras tanto, gobernadores y alcaldes se lavan las manos, y la ciudadanía aplaude o se encabrona según el color del partido. Pero ojo: cuando el poder central resuelve lo local, ¿qué queda de federalismo? ¿O ya nos acostumbramos a que el presidente sea el papá de todos?

En fin, que siga la función. Mañana, otra mañanera, otro regaño, otra petición loca. Y nosotros, como siempre, viendo el circo desde la butaca.

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