A todos nos agarró por sorpresa, cuando comenzaron a circular los informes sobre el bloqueo de carreteras en la mayor parte del territorio nacional y, la difusión de videos dando cuenta de quemas en negocios y comercios en las ciudades de Guadalajara y Puerto Vallarta: el caos se había desatado.
Las noticias rápidamente difundieron un enfrentamiento entre las fuerzas federales y el CJNG, dando a conocer la caída de Nemecio Oceguera, líder de esa organización criminal, con presencia en este país y en el extranjero, uno de los capos más buscados, motivando los eventos.
El exitoso operativo estuvo a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional a través de un grupo especial de élite con el apoyo de inteligencia norteamericana y, según los comunicados ubicaron al objetivo de Tapalpa, Jal., lugar donde se desarrollaron los acontecimientos.
Sin duda es un buen logro de la actual administración, no obstante, los sucesos ponen en evidencia la fragilidad del sistema y la gobernabilidad del país, aspectos que dejan al descubierto la cruda realidad mexicana.
Casi de inmediato las células vinculadas al cartel reaccionaron e implementaron bloqueos carreteros en más de veinte entidades, mostraron músculo, capacidad, logística y estructura, con presencia en la mayor parte del territorio nacional.
El domingo se desquició el país, los gobiernos se quedaron pasmados, completamente rebasados por la delincuencia organizada, quedó claro dónde están los controles, la estrategia y en manos de quien las zonas territoriales.
Por otro lado, cabe añadir que la ausencia del Mencho no acaba con esa organización, si algo tienen, es una enorme capacidad para reacomodarse sin que puedan descartarse ajustes internos o fragmentaciones. Tampoco se puede regatear lo sobresaliente de haber conseguido la caída del líder, sin embargo, como es patente, ese hecho es insuficiente para cantar victoria.
Una cosa es cierta, los grupos delincuenciales han operado al amparo de las autoridades, quienes facilitaron su crecimiento. El operativo cambia las reglas, al desplazar a las autoridades locales.
En ese orden, existen múltiples factores que prevén un escenario diferente, con riesgos latentes que van desde ajustes de cuentas hasta cruentas luchas por el territorio, ahí tenemos la guerra en Sinaloa que lleva un buen tiempo, con muchas víctimas y los ciudadanos normales se han convertido en rehenes.
La detención de criminales en este país, son la excepción, la regla es la impunidad. Como tampoco se combate a la delincuencia organizada de forma integral, tanto en sus estructuras financieras, pues la Unidad de Inteligencia Financiera se usa como arma política para atacar a los opositores, como quitándole territorio
En realidad, han sido las políticas de Trump, las que han orillado a este gobierno a realizar acciones en contra de los carteles, destapando una verdadera cloaca cuyas dimensiones eran impensables, en esa medida, al dar los primeros pasos, le resultaría más gravoso detenerse o dar marcha atrás, que seguir adelante, en ambos casos tendría que pagar costos.




































