2022: El cruce

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Por Julio Faesler

Para México el final de 2021 resultó menos agradable que su comienzo. Hubo poco bueno y en cambio, más preocupaciones que al inicio. Los males con que comenzamos se empeoraron: La Pandemia no se curó y, al igual que en otros países, apareció a deshora una variante más veloz. La vacunación periódica ya será parte de nuestras vidas. Hubo  más violencia generalizada y más inseguridad extendida multiplicando las muertes de inocentes.  

La economía intentó superarse por sí misma pero su esfuerzo no tuvo respaldo. El gobierno persiste en ver a la industria como una actividad inferior motivado en perverso egoísmo que el Estado tiene que disciplinar. Faltaron así crear empleos formales. Los pobres, siguieron aumentando en número y en porcentaje. El panorama económico pudo empeorar pero el equipo financiero profesional que AMLO heredó nos salvó de una inflación mayor al del 7% a que llegó.  

El sardónico buen humor del presidente lució cada mañana. La información constante de datos negativos nunca mellaron la coraza del que siempre halló en la respuesta esquiva la contrarréplica que fortalecía la fe del pueblo sabio en su líder y confirmaba su lealtad electoral.  

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Lealtad electoral, asidero del poder centralizado que con Morena y su mayoría legislativa, redujo a los miembros del gabinete a su condición satelital y se condensó en decisiones que transformaron o eliminaron entidades de todo género, públicas y privadas; organismos y fideicomisos, para reducirlos a aparatos ciegos y obedientes y encargarlos a individuos sin más méritos que contar con la confianza del jefe de la gran trasformación. Los entes autónomas, empezando por la del Poder Judicial, siguen en la mira.  

En 2021 López Obrador predicador, sintió avanzar en su fusión con el pueblo que siente suyo. Amoldado éste al desencanto de ofrecimientos sin cumplir, pero temeroso de perder la pensión universal, el campesino, trabajador o pensionado, sea rural o urbano, recibe el apoyo oficial para su subsistencia. Sin duda útil para el individuo o su familia, la receta no se extiende a las actividades productivas del pequeño artesano, dueño del taller o al pequeño negocio que emplearía a otros para crear riqueza. Así ahuecada, la economía siguió flácida en espera de alientos exteriores.  

Regiones enteras del país se hunden en la crueldad de mafias que peores que guerrillas, esta vez sin pretextos de libertarios, asuelan con organización empresarial a la población inerme que horrorizada se refugia en la retorcida realidad que le impone producir o transportar la droga.  

La gente huye de sus pueblos. Al igual que centroamericanos, haitianos o africanos que pagan sumas astronómicas por tocar las puertas del norte. Pagada esas inicuas deudas el drama de los migrantes mexicanos se cierra con las también asombrosas remesas que mandan a sus familias y que el sonriente presidente festeja como si fueran réditos asimilables a una recaudación hacendaria. En realidad son el sostén generoso que los que se fueron a trabajar fuera mandan a los que se quedaron en México sufriendo carencias.  

El otro factor que en 2021 aplazó un naufragio financiero del país, fue nuestra vecindad con el gran socio del norte, principal destino de exportaciones, por lo cual sus empresas y otras extranjeras mantienen y hasta aumentan aquí sus inversiones.  

En tanto sucedía lo anterior, el panorama político se desfondó. La confusión le confirma al presidente su misión de promover el cambio de la complexión cívica de México y de conducirlo a metas superiores ciertamente utópicas. Se alienta en la cofradía de colegas afines de Ecuador, Perú, Guatemala, además de Cuba y ahora Chile convencidos de una transformación mundial ya en marcha. Discurso conocido que impide resolver problemas. Nos hace perder el paso. Lo grave es que esos líderes no se van solos a la ruina. Arrastran a sus pueblos.

El tiempo fluye y escapa. Llegó el primero de enero. En 2022 el presidente querrá resolver con festejos e inauguraciones festinadas

el fracaso de su programa maestro de magnos proyectos cuyo importe mejor se habría canalizado a otros fines más humanos y redituables.

2022 nos presenta el choque de circunstancias y propuestas que se cruzarán sin perdón. ¿Despertarán los que pueden detener la caída o seguirán ocupados en facilitarla? 
Con los mejores deseos para un 2022 repleto de realizaciones.

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