Viene, da vida, mata y se va

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Se dice que Dios perdona siempre, el hombre a veces, pero la naturaleza nunca.

Sin embargo, poco hacemos para evitar desastres; preferimos reconstruir… para volver a sufrir.

Con viviendas en las márgenes bajas de ríos y drenajes; casas de mala calidad en zonas de huracanes; colonias en pantanos y construcciones cuarteadas y hundidas en áreas sísmicas, no lloremos “si alguien nos canta”.

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Además, reflexionemos sobre una cuestión que no ha sido bien atendida por la sociedad y sus gobiernos: hablo de aquello que supera el valor del oro y la plata, del petróleo y el gas, y de todas las piedras preciosas que hay en el mundo, me refiero a ese preciado bien que cada año llega, da vida, mata y  su mayor parte regresa a perderse en el mar: el agua.

Recordemos que la energía solar, la tierra y el agua son los tres elementos que hacen posible la vida en el planeta.

México —como los demás países— confía a particulares producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades sociales; trátese de minería, pesca, agricultura, ganadería, transportes, comercio y muchos más. Haber ampliado la participación del capital privado en lo energético dará al presidente Enrique Peña Nieto un lugar especial en la historia; sin embargo, están dadas las condiciones para que acometa una empresa de muchísima mayor trascendencia, vital para la población y sin distraer recursos federales: aprovechar de manera racional el portentoso regalo que anualmente recibimos del cielo y que regresa a los océanos después de causar muchas muertes y producir daños por decenas de miles de millones de pesos.

Los esfuerzos por desalinizar, limpiar, reciclar, retener y conducir adecuadamente el agua han sido grandes y deben continuar; pero si el gobierno, con la inversión privada, logra aumentar el almacenamiento anual en por lo menos DOSCIENTOS MIL MILLONES DE METROS CÚBICOS, que sirvan para consumo humano, agropecuario e industrial, la importancia de la apertura en electricidad e hidrocarburos pasará explicablemente a segundo lugar.

Esa política pública sacará de la pobreza a millones de campesinos, evitará la sobreexplotación de los mantos acuíferos, logrará autosuficiencia alimentaria, generará  más recursos que lo energético, evitará muchos desastres, permitirá reforestar a México y hacerlo un vergel.

Reitero, no exige inversión del Estado, como tampoco expropiaciones en agravio de los hombres del campo; bastará con aprovechar los estudios hidrológicos con los que cuenta, hechos por técnicos oficiales altamente capacitados, e impulsar procedimientos legales y trasparentes para que fluya la inversión privada, haciendo a los campesinos, con justicia, partícipes de las utilidades y beneficiarios de esa agua que es causa de muerte cuando falta y, también, cuando se sale de madre.

Están localizados en el país miles de vasos y cuencas naturales, que poco o nada producen, y que deben aprovecharse para hacer de México el soñado cuerno de la abundancia. GOBIERNO, ESCUCHA, POR EL AGUA SERÁ LA LUCHA. 


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