Unidad o democracia, la falsa dicotomía

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El jueves pasado se celebró el debate entre Ricardo Anaya y un servidor, en busca de la Presidencia Nacional del PAN. Parece que será el único, porque mi contrincante no aceptó que tuviéramos por lo menos dos. El 26 de julio le mandé una carta que ni siquiera quiso responder. “Discutamos nuestros planteamientos, volvamos a  la costumbre que por años ha distinguido al PAN. Hagámoslo cuantas veces sea necesario, pero siempre a los ojos de quienes edifican este gran partido, la militancia”.

“Como está establecido en la convocatoria, tendremos un debate en este proceso interno; sin embargo, te invito a que nos comprometamos antes de que se lleve a cabo, a tener al menos uno más en la última semana que será la recta final de estas elecciones”, le decía en el documento. No habrá pues un segundo encuentro, de ahí que decida compartirles en este espacio editorial mi punto de vista sobre el que tuvo lugar en la sede nacional del Partido, difundido de manera estrecha, porque tampoco se le quiso dar un mayor alcance. Ello comprueba la escasa cultura del debate y la deliberación.

Fue interesante ver al candidato del consorcio comportarse como un pendenciero en el debate. El que tomó como estrategia tratar de presentarme como violento, izquierdista, beligerante, terminó con esa imagen para dejar de lado las propuestas que dijo iba a priorizar. Sólo había que dejar transcurrir el tiempo para que en menos de una hora, se mostrara una de las contradicciones.

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¿Es así Ricardo Anaya? No, regularmente cuida no confrontarse, tiene estudiado aparentarse ecuánime, con gran capacidad de autocontrol, porque lo suyo, lo suyo, es una buena capacidad de simulación; como lo pudimos atestiguar en el debate.

El ejercicio cumplió su objetivo y por supuesto nos distingue en el conjunto del sistema de Partidos. Quienes pudieron seguirlo encontraron elementos para distinguir tanto al candidato del Consorcio como a un servidor, no sólo en estilos, sino en la manera de decir las cosas y plantear la visión del partido y del país.

Ricardo Anaya utilizó la cantaleta que ocupa el PRI y el gobierno cada que pueden sobre mi persona: la comparación forzada con López Obrador, la interlocución con Castro o que soy cercano a líderes de izquierda, que debo decir, salvo la comparación con López Obrador, mi amistad con Cuauhtémoc Cárdenas es pública y además me siento honrado de ésta y de poder convocar a personajes como él en batallas tan importantes como las que hemos dado en el Congreso. Me sorprendió el desconocimiento de Ricardo Anaya o de sus escribanos sobre la historia del Partido; sobre todo ese momento singular que marcó la pluralidad del país: el encuentro entre Maquío Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Ibarra, tras el fraude electoral de 1988. Quizá lo más preocupante fue el tufo fascista que le brotó al joven candidato.

En este ejercicio fundamental de contraste que es un debate, se marcaron las diferencias, pudimos conocer la capacidad de manipulación informativa del candidato de la “regeneración” quien en su escaleta de golpeador aprendida de memoria, dejó de responder planteamientos fundamentales, tal es el caso del tema del padrón en el que además cae en una enorme contradicción. Está muy preocupado por la confiabilidad del padrón, pero se montará en el para buscar llegar. Luego lo arreglará.

Nosotros ya hemos empezado a generar nuestra acción para mejorar el padrón de militantes. He presentado varios recursos de impugnación ante el TRIFE para que se ordene una revisión completa. Durante muchos años el PAN dijo que un padrón confiable es la base de todo proceso democrático; de esa certeza y del respeto a la voluntad de los electores surge la verdadera unidad.

En el padrón del PAN sólo deben estar aquellos que habiendo cumplido con nuestras normas internas para su afiliación, abrazan nuestros principios doctrinarios en la búsqueda del bien común. Es necesaria una re-ingeniería del proceso de afiliación, para que con transparencia e institucionalidad, se incentive y agilice la adhesión individual de ciudadanos y se sancione a los responsables de afiliaciones masivas, dignas de otros partidos políticos. En tan solo 14 meses, de octubre de 2013 a diciembre de 2014, y en solo cinco entidades federativas, nuestro padrón se incrementó en 124,000 militantes. En el año 2014 se incrementó prácticamente en un 100% en relación con el padrón con el que se desarrolló en ese año la elección del Comité Ejecutivo Nacional.

Nadie puede aprovecharse de un padrón inflado para llegar a un cargo y luego decir que lo va a depurar. Esa es una profunda simulación. Por eso lo invité varias veces en el debate para que juntos enviáramos una carta a la Comisión Nacional de Elecciones, pidiendo que ese padrón se depure, auxiliados por los mejores expertos nacionales en materia de registro electoral. Esto se puede hacer de inmediato, antes de la elección del 16 de agosto. Pero la falsedad de la preocupación de Anaya por el padrón quedó al descubierto.

También abordé otros flancos del verdadero talante del fiel escudero de Gustavo Madero. Dije que Anaya ha tenido un comportamiento similar a la conducta ilegal del Partido Verde que tanto ha irritado al país. En realidad podría ser el Niño Verde del PAN. Es inaceptable que a partir de las funciones que le encomendó el partido, como Presidente, como Coordinador del grupo parlamentario del PAN, construyera su candidatura mediante los tiempos del Estado a los que tiene derecho el PAN, apareciendo en miles de spots en radio y televisión y aún más grave, haciendo uso de recursos públicos del grupo parlamentario en la cámara; actuar de ese modo, buscando ventajas indebidas, revela el comportamiento de fraude a la ley que identificó al Verde en la pasada campaña.

Tuvimos conocimiento de que entre los meses de abril y mayo se repartieron en nombre de Anaya como coordinador parlamentario miles de tabletas electrónicas financiadas con recursos de la cámara de diputados a una red de operadores del Partido que percibían 8 mil pesos mensuales. Dichas tabletas con sistema de prepago para su acceso a internet, no sólo tenían precargados los spots de los que Anaya fue protagonista como Presidente interino, ahora firmados como coordinador del grupo parlamentario, contienen una aplicación que permite geolocalizar a los miembros activos del PAN, con el fin de emplear estos recursos para la contienda interna que hoy protagonizamos. Anaya no pudo sacudirse mi señalamiento porque sabe que tenemos las pruebas, testimonios notariales, correos electrónicos y chats, además de algunas tabletas financiadas de modo irregular.

Hay otros hechos muy delicados del manejo de los recursos públicos del grupo parlamentario de los que Anaya es responsable; el pasado 4 de julio El Universal reveló que su despedida se convirtió en una cascada de reclamos por parte de la bancada pues las arcas del grupo parlamentario en San Lázaro quedaron prácticamente vacías.

El diario informó que en menos de tres años durante las administraciones de Luis Alberto Villarreal, José Isabel Trejo y Ricardo Anaya, el PAN gastó más de 660 millones 447 mil pesos que recibió bajo el concepto de subvenciones ordinarias y extraordinarias durante dicho período.

Este sábado el mismo diario señaló que el diputado Heriberto Neblina, integrante de la Comisión de Vigilancia, solicitó la información financiera del grupo y no le fue entregada, ni le han explicado el por qué. Asimismo Neblina ha solicitado que antes de concluya la Legislatura, el Comité de Vigilancia pueda revisar toda la información financiera, sobre todo la relativa al período de enero a junio de 2015, en la que Anaya coordinaba al GPPAN. En Querétaro, desde muy temprana hora bajo la administración de Francisco Garrido, Anaya ha sido relacionado con hechos de corrupción.

Independientemente de la magnitud de los recursos implicados en el caso de las tablets, esto revela que la regeneración a la que aspira, no se dará espontáneamente ni con simulación. Volver a ser el PAN que queremos, supone liberarnos de las ataduras, ser intolerantes frente a la corrupción, hacer una rebelión de la conciencia, reencontrarnos con la militancia para volver a hacer de este partido un ejemplo escrupuloso de los recursos públicos.

Mi contrincante presentó casi como delito que durante algún tiempo haya tenido interlocución directa con Fidel Castro Ruz. La ecuación de la intolerancia es sencilla: el que se reúne con el expresidente cubano en el fondo es un admirador del dictador; así de simple pero también de lastimoso para todos los que fuimos cadena sucesiva de esos esfuerzos de dialogo con el Comandante de la Revolución Cubana, entre ellos Gabriel Jimenez Remus, José Angel Conchello, Carlos Castillo Peraza, Felipe Calderón. Anaya es incapaz de comprender que en el centro de nuestra preocupación siempre estuvo la dignidad del Pueblo Cubano. Estados Unidos ya avanzó en esa comprensión, pero Anaya sigue en la guerra fría.

Al atraso hay que sumarle la hipocresía: se mostró preocupado en el debate por los derechos humanos en Cuba y Venezuela,  pero no le preocupa la violación de derechos humanos en Puebla, donde su socio, el Gobernador Rafael Moreno Valle, tiene a 134 presos políticos, entre ellos varios militantes del PAN. No sólo eso, el propio mandatario se ha dado a la tarea de espiar a opositores, incluidos miembros de su propio partido con fines personales, través de virus informáticos (exploit) y software de recolección de información que compró a la empresa italiana Hacking Team en abril de 2013.

El candidato de la “regeneración” preparó una estrategia que pretende, desde que salimos a la palestra, hacer responsable a nuestra Rebelión de las Bases de la fractura en el PAN e identificarla como factor de división y violencia.

Casualmente asociar el concepto de rebelión con la violencia viene de la cultura priista, pues quien atentaba contra el monopolio priista del ejercicio del poder, atentaba contra la unidad de la Nación. Frente a los reaccionarios, el régimen priista justificó el fraude patriótico. Ahora Anaya, imbuido de esa cultura priista por su embeleso con Peña Nieto pretende colocar la falsa dicotomía: democracia o unidad. Pero no hay que equivocarse, la Real Academia de la Lengua define al rebelde como aquel que “faltando a la obediencia debida, se rebela”, eso es justo lo que queremos para el PAN, dejar de ser obedientes al sistema y a un régimen que en lo último que piensa es en los mexicanos, para convertirnos en un partido opositor.

La rebelión de las conciencias está anclada en la ideología, en el origen mismo del PAN. Fue Gómez Morín, quien no fue ningún violento, el que dijo que nada elevaba más la condición humana, que rebelarse contra lo injusto. Por eso he convocado a los militantes del PAN a una rebelión de las bases también contra estos carteles que he llamado el consorcio, porque lo que rompe, lo que aleja a los panistas entre sí es la corrupción, es el abuso, la inequidad, la simulación y el engaño. Lo que divide al PAN es la traición a su misión de ser un instrumento para servir a México.

Quienes participamos de este movimiento que crece cada día, no queremos  destruir el PAN, como sugiere Anaya, el PAN ya está en ruinas; por el contrario, venimos a levantarlo desde sus cimientos, desde sus más hondas raíces fundacionales. La unidad que aspiramos construir, la única que vale entre personas libres, entre pares, la que impulsa lo mejor de todos, que potencia la creatividad del ser, es aquella que es consecuencia y efecto de honrar la singularidad y la igualdad, y se convoca en torno al ideal y los motivos espirituales.

El miedo se ha cambiado de bando. Los militantes están desafiando la línea y la cargada con gran valor y decisión; donde se están poniendo nerviosos es del lado del consorcio. Los que decían que ya estaba todo resuelto y nada teníamos que hacer, saben que les podemos ganar el próximo 16 de agosto. El jueves pasado asomaron con descalificaciones personales su miedo; el supuesto puntero, se comportó como retador.


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