Una buena idea sepultada por malas ideas

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La avenida Chapultepec es francamente horrenda. Vecina de Reforma, la más bonita del país, es una avenida sucia, sin personalidad, avejentada, con basura, tráfico, es lo que se le llama coloquialmente «una calle de mierda».

Pues bien, al gobierno capitalino se le ocurrió armar un proyecto para rehabilitarla. Una buena idea, sin duda, Pero a eso le siguió una mala idea: presentarlo de manera escondida, escatimar información a los interesados y no tomar la decisión, sino someterla a consulta. A lo cual le siguió otra mala idea: tratar de imponer un proyecto.

Es claro que la zona es una porquería, pero no solamente se puede rehabilitar de una manera. ¿Por qué si se decidió llevar a la discusión pública la decisión no ofrecieron más proyectos? En México, los proyectos públicos apenas se anuncian o están bajo sospecha. Por eso, los gobiernos están obligados a tener estrategias más abiertas que faciliten la decisión de los ciudadanos.

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A las malas ideas anteriores sumaron una peor: poner a defender todo el proyecto a un sujeto como Simón Levy. No lo conozco, jamás lo he visto en persona, pero era claro que el hombre tenía una nula capacidad de convencer y una enorme vocación para irritar. Ayer mismo, Luis Carlos Ugalde citaba su semblanza: «una licenciatura y un doctorado en Derecho por la UNAM, una especialidad en Derecho chino, una maestría en el Tecnológico de Monterrey, otra inconclusa en el ITAM y dos posdoctorados (uno de ellos cursado en Yale en 15 días), además de haber escrito seis libros y sido consultor comercial para el gobierno de Chihuahua, del Distrito Federal y para el sector privado». Y eso que no tiene 40 años. Tanta actividad fatiga nomás de leerla. Pero eso no es todo, en su página de Facebook dice que profesa «el amor». Estamos pues, ante el hombre total: el hijo modelo, la pareja ideal, la joven promesa, el hombre de acción, el políglota que todo lo entiende, el funcionario eficaz, el empresario ambicioso, el ciudadano ejemplar. Al parecer tampoco fue buena idea poner a alguien con superpoderes para convencer a los vecinos. La intolerancia y la arrogancia fueron sus características principales. En un debate tuitero con uno de sus malquerientes lo amenazó de divulgar fotos en burdeles de Shanghai. El resultado de su labor está a la vista.

No ir a votar tampoco fue una buena idea para los 466 mil que le dejaron la decisión a los 22 mil que sí lo hicieron.

El fracaso del CCC es el ejemplo de una buena idea sepultada por malas ideas. Desde mi punto de vista los más afectados serán los vecinos, pues sus propiedades recuperarían valor, se generarían empleos y vivirían en una zona envidiable. Pero, bueno, se quedarán con su deprimente avenida y Simón Levy seguirá profesando el amor. Ya será para otra.


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