Una apuesta temeraria

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Por: Alejandro Díaz

La aseveración presidencial de que “llueva, truene o relampaguee se iniciarán los cursos escolares” es una apuesta arriesgada, difícil de llevar a cabo y con tintes temerarios si la epidemia se sale de control. Por supuesto que nadie lo desea, pero las indicaciones del inquilino de Palacio no tienen respaldo científico, ni siquiera indicativo de su gurú. No toma en cuenta el estado físico de las escuelas en las distintas regiones del país ni el relativo abandono que éstas han sufrido en la pandemia, ignora por completo el hecho de que las escuelas públicas no han recibido mantenimiento en 17 meses y que algunas han sido desvalijadas.

Sin duda maestros, alumnos y padres de familia están desesperados por reanudar la vida previa a la pandemia, pero la mayoría duda de si las condiciones para hacerlo son propicias. No sólo se requiere que los edificios de las escuelas estén limpios y ventilados sino que cuenten con agua potable como mínimo. Algunas de ellas se encuentran desvalijadas y con faltantes importantes como energía eléctrica. La Secretaría de Educación Pública (SEP) no cuenta con recursos presupuestales ni para emprender las necesarias adecuaciones ni para proveer de materiales sanitizantes y de prevención para alumnos y maestros. Si bien los gobiernos estatales, incluyendo a la CDMX, podrían aportar recursos para compensar lo que la SEP carece, en estos momentos no cuentan con ellos por las restricciones presupuestarias del gobierno federal.

Por sus carencias la SEP intenta apoyarse en los padres de familia para compensar sus carencias presupuestales para limpiar y reparar tanto escuelas como mobiliario. Llegó al extremo en un primer momento de exigir a los paterfamilia que presentaran el primer día de clases una carta en la que ellos asumían la responsabilidad de contagios, pero el clamor nacional los hizo desandar el camino. La mal llamada “lucha contra la corrupción” privó de recursos a la administración pública -con excepción de las fuerzas armadas-, con lo que no ha habido mantenimiento ni siquiera para las escuelas.

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Los planteles particulares están en un estado menos crítico porque los dueños han cuidado edificios y mobiliario aunque tampoco pueden garantizar condiciones para garantizar la salud de maestros y alumnos. Ya algunas se han decidido por un sistema mixto (presencial + virtual) lo que disminuirá el número de alumnos a reunir en cada clase. Pero aún en éstas dependen de la opinión de los padres de familia que si bien quieren a sus hijos en la escuela no desean incrementar el riesgo de contagio.

En el caso de que se agudice la pandemia entre escolares por deficiencias en el proceso dado que los asistentes a estos planteles son mayormente de pocos recursos, se materializará el refrán de campaña presidencial de “primero los pobres”. Si bien nadie desea que se incremente la pandemia, y menos entre escolares de bajos recursos, el riesgo existe y no está preparado el gobierno para atenderlo. Incluso ya sabe que afectaría más a sus supuestos “protegidos”.

Las condiciones de salubridad necesarias para controlar la pandemia sólo se pueden llegar a garantizar en lugares donde hay buena ventilación, sana distancia, uso generalizado de mascarillas y posibilidad de realizar el lavado frecuente de manos. Los locales de escuelas en zonas  deprimidas -más del 50% de ellas- va a ser muy difícil que puedan cumplir esas condiciones y pueden poner en riesgo a buena parte de su población escolar. Como escribo más arriba, nadie desea que suceda, pero la apuesta gubernamental es muy temeraria. Si se llega a incrementar la pandemia entre la población escolar este sexenio será muy mal recordado en lo sucesivo.

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