Un sexenio cuestionado como parte del eje de Norteamérica

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Mientras en Europa Vladimir Putin juega sus cartas para recuperar las glorias zaristas o las de la ex-URSS, en Estados Unidos la rivalidad con China se torna más patente.

El 18 de noviembre de 2021, López Obrador le mencionó en Washington a su colega Biden el previsible conflicto armado si continuaba la creciente disparidad económica entre Norteamérica y China donde en 2051 ésta tendría 42% del mercado mundial mientras que Norteamérica sólo 12%.

Esta tensión repercutiría en México. El proyecto de hacer del continente norteamericano el eje más grande del mundo es la primera prioridad para nuestros socios. Algunas decisiones mexicanas lo podrían afectar. Por ahora dos son los temas. La reforma energética se basa en un uso intensivo de carbón para generar electricidad. La preferencia por usar combustibles fósiles trabaría la consolidación del proyectado eje  de Norteamérica que, por el contrario, postula y promueve fuentes no contaminantes. La autonomía energética de Estados Unidos es importante y hay que sustituir fuentes convencionales con novedosas.

El cambio climático es, asimismo, de superior importancia y la señora secretaria de Energía de Estados Unidos, Jennifer Granholm, visitó México en estos días para reunirse con el presidente López Obrador para coordinar políticas que seguramente incidirán en la aprobación que dé nuestro Congreso.

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El otro tema prioritario es la migración. Este dramático asunto no sólo se relaciona estrechamente con el de seguridad nacional para la zona, sino se imbrica con la disponibilidad de mano de obra en Estados Unidos donde, como en Europa, escasea y hace que el futuro económico en mucho dependa de su capacidad laboral.

La diferencia entre las dimensiones de población entre nuestros dos países hace que la coordinación en materia migratoria entre México y Estados Unidos sea indispensable y urgen acuerdos que reglamenten aspectos económicos y humanitarios. La penuria del gobierno de México explica el porqué de la insistencia en enlazar nuestros programas sociales a las ayudas que Biden ha ofrecido a Centroamérica.

Es evidente que México tiene que cuidar su desarrollo nacional equilibrado para integrarse al eje norteamericano, pero las experiencias en estos primeros tres años de la administración de Morena encabezada por el Presidente ha sido profundamente decepcionante en todos los aspectos.

El gobierno ha resultado singularmente incapaz de sustituir servicios sociales, lo que afecta hondamente la suerte de la vida misma de cada ciudadano. Un clima de desorden nacional existe en todos los ámbitos económicos y sociales.

Las cuentas no nos favorecen. El número de pobres ha aumentado como también la proporción de empleos informales dentro de los 59 millones de trabajadores. La inflación ha aumentado reduciendo el poder de compra de las mayorías que ganan menos de dos salarios mínimos. El índice de criminalidad ha venido en aumento como también los homicidios culposos. Este asunto implica evaluar la gestión de AMLO como socio de Norteamérica que como futuro hegemón muchos estiman indispensable para mantener el equilibrio económico y político mundial.

Andrés Manuel López Obrador, líder social de formación, no siente entusiasmo por la tarea que le impone el momento actual de contribuir a la construcción del eje capitalista más importante del mundo. Le resulta cruel su suerte de tener que ser prágmático y apoyar esa inmensa economía de libre mercado, cuya marca siempre ha atacado, en lugar de alentar la economía central y personalmente dirigida, como la de sus países amigos, y que a la vista de todos ha venido construyendo desde la Presidencia. La bifurcación le obliga a ser pragmático.

No hay que extender el tema hacia las relaciones del ciudadano con un régimen donde las decisiones públicas se toman desde la altura de un partido único y oficial u otro fincado en la libertad individual de escoger la forma y manera de vida personal sin más autoridad que la personal.

Estas consideraciones tienen una inesperada relación con la intención del Presidente de afirmarse en el poder mediante la enrevesada “revocación de mandato” ideada por AMLO para confirmarse en el poder o prolongar su mandato con un eventual sustituto. En todo caso el país seguirá gobernado por las decisiones de un personaje que es la única autoridad. La abstención es la mejor respuesta ante la confusa consulta. La ciudadanía no debe dejarse entrampar más.


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