Un hormiguero no tiene tanto animal

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México-Tenochtitlán fue fundado sobre un islote del lago de Texcoco en 1325, hasta su caída en 1521, a manos de los conquistadores españoles bajo el mando de Hernán Cortés.

Se viene el debate de la Reforma Política del DF. Para saber a dónde vamos, bien vale la pena saber de dónde venimos.

Los capitalinos, defeños o chilangos, somos herederos de un pasado histórico sin igual en América. Según la leyenda, México-Tenochtitlán fue el centro de poder de los antiguos mexicas-nahuas que llegaron de Aztlán, de cuyo origen se desconocen los detalles. Debo señalar que los mexicas venidos de Aztlán no fueron los primeros en llegar a estos lares, pues ya se habían establecido desde el siglo II d.C. en los alrededores, en Azcapotzalco, los herederos de los teotihuacanos.

México-Tenochtitlán fue fundado sobre un islote del lago de Texcoco en 1325, hasta su caída en 1521, a manos de los conquistadores españoles bajo el mando de Hernán Cortés, quien sobre sus cimientos fundó lo que se convertiría en la capital del virreinato de la Nueva España. Este virreinato gobernaría en gran parte del territorio de América e incluso comandaría capitanías tan lejanas como la de Filipinas.

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La Ciudad de México fue escogida como capital del virreinato, y así fue desde 1535 hasta la consumación de la Independencia en 1821-22, cuando surgió el primer Imperio mexicano con la coronación de Agustín de Iturbide, hasta su caída en 1824.

Veamos la experiencia estadunidense. La ciudad de Washington, Distrito de Columbia (llamado así en honor del descubridor Cristóbal Colón), es la capital de los Estados Unidos de Norteamérica; se fundó en 1790 y a la fecha el Distrito de Columbia (DC) y Washington son una misma ciudad; a ésta se le da el tratamiento de “municipio”, bajo el mandato de un alcalde.

La experiencia federalista de Estados Unidos influyó en la configuración política de otros países, como Brasil en 1822, que fundó su Distrito Federal en Río de Janeiro; Argentina en 1880, con su Capital Federal en Buenos Aires; Colombia, con su Distrito Capital que ocupa el territorio de Bogotá, que es a su vez la capital de Cundinamarca, entre otros ejemplos.

En 1824, con clara influencia de lo que ocurría en los Estados Unidos y después de debatirse entre centralismo y federalismo, México finalmente adoptó un sistema federalista, consignado en la Constitución de 1824, según el cual la Ciudad de México sería capital y sede de los poderes federales.

A casi 200 años de haberse constituido como capital, la Ciudad de México está catalogada entre los principales centros políticos, financieros, académicos, empresariales y culturales del planeta.

Según datos del INEGI, tiene alrededor de 9 millones de habitantes; es la cuarta ciudad más poblada del mundo.

Sin embargo, el status jurídico de la Ciudad de México se funde y confunde con el Distrito Federal, porque no tiene el andamiaje jurídico (carece de una Constitución local), ni la autonomía (decreciente, por cierto), que tienen los demás estados de la Federación.

Historia, política, cultura y sociedad, así de repaso, han configurado nuestra amada y odiada capital que describen las canciones de Chava Flores, como aquella que dice: “Desde las diez ya no hay dónde parar el coche, ni un ruletero que lo quiera a uno llevar, llegar al Centro, atravesarlo es un desmoche, un hormiguero no tiene tanto animal”.

Una ciudad tan grande alberga también grandes retos, que pasan otra vez por la aduana del debate político y la necesidad inevitable de alcanzar grandes acuerdos.

¿Cuáles son las visiones que se debaten? ¿Quiénes han sido honrados por nuestra historia y convocados para definir el futuro de nuestra capital? ¿Cuáles son los problemas en la brújula de los políticos?

A usted, vecino, ¿qué le preocupa? Sobre estos temas y algunos más relacionados escribiré en mi próxima colaboración.


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