Transición democrática. Factor EDOMEX.

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Nada fortalece más a la república que el hecho de que sea complejo anticipar quién ganará las elecciones siguientes. La democracia cobra valor cuando el voto sirve para definir el rumbo futuro, para castigar al gobierno en turno y sus errores, abusos y excesos, cuando abre la posibilidad de transitar a nuevos modelos de conducción política, cuando sirve para obligar a la rendición de cuentas. El voto efectivo debe protegerse y promoverse. Es claro que, en la historia universal, en ninguna época ni en ningún lugar, la acumulación del poder en pocas manos, por periodos prolongados, engendra descomposición, corrupción, enriquecimiento ilegítimo, la aparición de nuevas riquezas y de nuevos beneficiarios del poder autoritario. Los intereses creados, la protección de subordinados leales, pero poco eficientes e ineficaces, provoca que el grupo gobernante se corrompa, degenere y se pervierta. Es difícil dar testimonio sobre   excepciones al relato anterior.

 

En México, lo peor que puede ocurrirnos es entregarle poder absoluto al presidente. Tener límites, buscar equilibrios, fortalecer el federalismo, la separación de poderes, fortalecer el andamiaje institucional, incluidos los organismos autónomos, es un tema actual de coyuntura, vital, en alerta roja para el futuro del país. Hemos visto en los últimos meses, intentos y aproximaciones presidenciales que intentan eliminar la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. El deseo de dirigirlo todo, centralmente, a su antojo, ha despertado a la sociedad acerca de la necesidad de apoyar y defender al INE, al INAI, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como ejemplos vivos del ataque presidencial, que intenta manipularlos, desarticularlos o controlarlos poniéndolos a su servicio mediante la intimidación, la amenaza, la corrupción o la dádiva. La Auditoría Superior de la Federación y el Sistema Nacional Anticorrupción, sin estar tan a la vista, también sufren agresión y ataque presidencial.

 

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Prácticamente, a un año de las elecciones federales que definirán la sucesión presidencial de López Obrador en 2024, las encuestas propagandísticas, controladas, infladas y autorizadas por el poder central, escapan y discrepan del pulso social, del ambiente popular, de la opinión pública, de la opinión publicada. El miedo al revanchismo presidencial mantiene en silencio a numerosas voces sociales, a medios de comunicación, a comunicadores, periodistas, influencers y generadores de opinión, toda vez que los instrumentos del poder se muestran inclementes contra la disidencia, contra los opositores e incluso contra quienes exponen una verdad sin filtros gubernamentales.

 

Es evidente que los partidos políticos opositores han encontrado la necesidad de unirse a pesar de sus diferencias, ante él desvió de rumbo que se le ha dado al país por la cuarta transformación. También es evidente que la sociedad, que los ciudadanos que no trabajan en o para el gobierno o incluso, que no militan en ningún partido, han iniciado a agruparse, a participar en defensa de México y a defender las grandes causas como la libertad, como la democracia, como la transparencia y oponerse al autoritarismo presidencial y al gobierno de un solo hombre, su familia y sus cómplices en el gobierno

 

El domingo 4 de junio se realizarán elecciones locales para renovar al gobierno del Estado de México. Esa elección marcará rumbo y repercutirá sensiblemente en el ánimo de los cuatro teístas y de la oposición mexicana. Es el resultado de esa elección, el factor más influyente en lo que será el plan de la oposición mexicana para lograr una nueva transición democrática en 2024, que se advierte necesaria e improlongable.


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