Terrible alternativa

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El próximo domingo vendrá la hora de la verdad para Grecia. Los acreedores se han impacientado y se niegan a renovar los préstamos si no hay medidas de ahorro adicionales. Después de varios años de estar al borde de la bancarrota, ese país caerá en ella a menos de que ocurra algo inesperado. Esta semana el gobierno griego debe pagar uno de tantos préstamos que repetidamente ha renovado, y como ya no desea plegarse a más exigencias, ha convocado a referéndum para que el pueblo decida.

Cada vez que renovó un préstamo, Grecia tuvo que recortar gasto público, inversiones y programas de pensiones, además de aumentar impuestos. Cada recorte significó bajar un escalón en el nivel de vida de la población: menos servicios públicos, deterioro del sistema de salud, disminución de las pensiones, elevación de la edad mínima para jubilarse, etc. La población siente que llegó al límite del sacrificio, que no puede dar más.

Por otro lado, los ciudadanos de los países que aportaron recursos por años para el rescate griego (Alemania, Austria, Holanda, etc.) sienten que su dinero se ha ido a un barril sin fondo. Presionan a sus gobiernos para no seguir financiando a Grecia, sin pensar en que si el país heleno va a la bancarrota sus países también van a sufrir. La solidaridad que fuera característica de la Unión Europea parece estar por desaparecer allá.

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Pero el referéndum convocado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, es una terrible alternativa. Si la población griega vota por aceptar las condiciones de los países del norte, el premier griego se vería mal y podría renunciar. Otro tendría que negociar y aceptar un descenso más de la calidad de vida en Grecia. Pero si la mayoría de la población vota por no aceptarlas, Tsipras estará autorizado a buscar soluciones alternativas a esa negociación nefasta, incluyendo la salida de Grecia del euro.

Pero la salida de la moneda común europea es una salida falsa. Si bien le permitiría a Grecia devaluar su moneda, reduciendo importaciones al tiempo de fomentar exportaciones y turismo, la realidad es que también significará reducir salarios, pensiones, y nivel de vida.

México ha tenido experiencias similares por endeudamiento excesivo en el pasado (1976, 1982, 1986 y 1994), en todas ellas el gobierno federal devaluó nuestra moneda como condición para cumplir con los acreedores (tanto el FMI como Estados Unidos), haciendo disminuir en cada ocasión el nivel de vida de los mexicanos.

Si en los años posteriores a 1994 México ya no tuvo grandes problemas con la paridad, se lo debe tanto al manejo sano de las finanzas como al TLCAN que atrajo importantes inversiones y nos convirtió en un país exportador de manufacturas. Desgraciadamente Grecia sólo puede aprovechar la experiencia mexicana respecto de las finanzas sanas, porque en estos momentos no puede ni pensar en negociar un acuerdo que le permita captar inversiones y aumentar exportaciones. Requerirá mucho ingenio y grandes esfuerzos para salir adelante de esta terrible alternativa.


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