Tendencia mundial

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Devolver el espacio público a los ciudadanos. El corredor Madero es uno de ellos, con sus 700 metros que fueron devueltos al peatón para sacar a los automóviles de circulación.

La peatonalización del espacio público se ha insertado en nuestro consciente como una línea del discurso, pero que pocas veces se concreta por el costo político inherente.

Ejemplos exitosos los hay en México y en el mundo.

El corredor Madero es uno de ellos, con sus 700 metros que fueron devueltos al peatón para sacar a los automóviles de circulación.

Hoy estamos por ver la extensión de este proyecto con el anuncio de la disminución de carriles para los automóviles en el Zócalo de la Ciudad de México, con el fin de
ampliar el espacio peatonal y devolver a los ciudadanos el carácter que siempre ha distinguido a la principal plaza del país.

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La movilidad peatonal se ha convertido poco a poco en parte de la política pública para mejorar la accesibilidad y desincentivar el uso del automóvil, por lo menos en zonas específicas y estratégicas, principalmente en los centros históricos o plazas públicas.

En México los esfuerzos han sido importantes, pero limitados. La Ciudad de México como referente nacional, con sus corredores peatonales y con el nuevo proyecto para el Zócalo capitalino, representa un claro esfuerzo de impulso a la movilidad peatonal y a la restricción zonal al automóvil.

En Morelia ya se presentó un proyecto para la peatonalización de su centro histórico para que de manera paulatina se rescaten sus calles y se restrinja el tránsito vehicular. Guanajuato es otro caso de éxito, donde se ha implementado la Ruta del Peatón, pues el primer cuadro de la ciudad está cerrado a los vehículos. En el mundo, la tendencia es clara. Centros y corredores peatonales se han extendido en ciudades como Praga, en la República Checa, en donde su plaza principal es mayormente peatonal, como una de las principales atracciones turísticas.

En Moscú, en Rusia, los corredores peatonales se han convertido en un centro de atracción, pero también de optimización de la movilidad de los ciudadanos.

En Dinamarca, ciudades como Copenhague o Aarhus son famosas, entre otras cosas, porque sus habitantes hoy se mueven más en bicicleta que en otro medio de transporte, y esto no sería posible sin la peatonalización del espacio público.

Ejemplos varios, experiencias diversas, con éxitos y fracasos. Lo peor que hoy podemos hacer es pensar de manera extrema. Creer que la peatonalización del espacio público es en detrimento de los conductores es una postura equivocada. No se impone el derecho del peatón sobre el del automovilista.

La experiencia también dicta que hoy se puede coexistir. Automóvil, peatón y ciclistas.

El éxito de estas iniciativas depende en gran medida sí de la planeación y de su implementación, pero también del respeto de los ciudadanos entre sí.

La violencia hacia el peatón y al ciclista, registrada últimamente en redes sociales, habla del malestar social e intolerancia entre los habitantes de la capital. Fastidio que hoy también es obligación de cada uno de nosotros apaciguar.

Repensemos el espacio público, pero también reflexionemos cuál es nuestro papel en él, cómo lo utilizamos y cómo lo aprovechamos.

 


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