Clinton y los frentes abiertos

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El deficiente manejo de crisis por la deshidratación sufrida por Hillary Clinton en la conmemoración del 15 aniversario de los atentados terroristas en Nueva York, más que aliviarla de la coyuntura, consiguió reavivar la discusión pública de si Clinton tiene el potencial para presidir EU, así como la importancia de que los votantes cuenten, entre otros datos de valoración electoral, con el estado de salud que guardan los candidatos que aspiran a la titularidad del Poder Ejecutivo.

Es por ello que, a la par de la atención de un asunto personal, un candidato presidencial requiere un cuarto de manejo de crisis que ofrezca una salida muy distinta a la que su equipo dio a Hillary Clinton tras los acontecimientos del fin de semana.

Nadie puede conocer el futuro, pero la campaña de Clinton cometió en semanas pasadas varios errores estratégicos que con el desvanecimiento en Nueva York, en retrospectiva han abierto varios frentes innecesarios para la campaña de la candidata demócrata. Las críticas por la falta de transparencia ante la resistencias de abrirse al escrutinio de las conferencias de prensa durante la contienda, por el caso legal enfrentado al no utilizar medios electrónicos oficiales en el manejo de información confidencial en su paso por el Departamento de Estado y por oponerse a difundir un análisis médico creíble de su estado de salud —ante señalamientos reiterados de sufrir diversas enfermedades— han tomado un nuevo impulso y alimentan la percepción de que la exsecretaria de Estado oculta problemas de fondo.

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En la suma de estas variables, Donald Trump modera su lenguaje, pero capitaliza políticamente, al acusar a Clinton de no tener el aguante ni la fortaleza física y mental no sólo para lidiar con su salud, sino para ser Presidente y desde la Casa Blanca conducir una política pública eficaz para derrotar a ISIS, así como para mantener el liderazgo de Estados Unidos frente a sus rivales comerciales alrededor del mundo. Algunos sectores del Partido Demócrata han dejado ver ya su preocupación, del entorno de opacidad de la campaña Clinton que pone en riesgo los vientos a favor a la aspiración del liderazgo demócrata en las elecciones de noviembre.

También, llama la atención el pobre manejo de crisis del equipo Clinton. Las imágenes frente al World Trade Center muestran a una candidata completamente descobijada por su equipo cercano, de no ser por el Servicio Secreto que la protege, el impacto hubiera sido mucho mayor. Su jefe de campaña y estrategas de comunicación dejaron correr demasiado tiempo sin una adecuada intervención en medios, al tiempo que las tomas de su imagen restablecida son a todas luces insuficientes ante la falta de una narrativa coherente que hoy sigue causando estragos.

El tema de la salud de Hillary Clinton obliga a una revisión profunda del planteamiento estratégico de comunicación de su campaña. En la coyuntura de los próximos debates, los cuales son muy importantes para terminar de consolidar su liderazgo hacia la elección, Hillary Clinton no se puede dar el lujo de mantener ese nivel de inoperancia al interior de su equipo de trabajo. Sobre su estado de salud, le corresponde a ella decidir la apertura que tendrá hacia su electorado.

A pesar de esto, no se pone en duda la fortaleza electoral que la candidata demócrata ha construido en los últimos meses, consolidando la preferencia de los ciudadanos norteamericanos, sobre todo los pertenecientes a las minorías sociales. Es por ello que resulta difícil creer que un tropiezo como el de esta semana pueda afectar su ventaja sobre Trump; sin embargo, es necesario reconocer que si estos errores se vuelven recurrentes, el terreno podría nivelarse.


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