Sponville y la Navidad

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Por estas fechas, hace unos años publiqué en este espacio comentarios a algunos subrayados del pensador y filósofo André Comte-Sponville, de un artículo sobre la Navidad (El placer de vivir, ed. Paidós). Por parecerme propicio, van de nuevo para quien tenga el ocio de leer este texto, e ir más allá de los enigmáticos intercambios y el maldito pavo que llega para quedarse entre nosotros dos meses en cualquiera de sus modalidades.

“¡Me horrorizan la Navidad, el Año Nuevo y todo ese ceremonial de las fiestas! Esos festejos a fecha fija tienen algo de exasperante y de angustioso, todo a la vez”. La angustia que menciona y desarrolla en el texto tiene que ver con la paradoja de que se festeja a un niño nacido en la pobreza de un establo y el ambiente de lujo que se desprende para celebrarlo. Es injusto, dice el filósofo, por lo que “supone de indelicadeza o de indiferencia a aquellos a los que la miseria mantiene alejados del festín, encerrándolos, sin duda más cruelmente que nunca, en la frustración”.

En México no tenemos que ir muy lejos para encontrar esa terrible injusticia que menciona Sponville, basta dar la vuelta en una calle, frenar en un semáforo, recorrer el campo para encontrar imágenes de dolor y miseria. La justicia, el impartirla, está fuera de nuestro alcance, dice el filósofo, pero “¿es necesario que el pudor también lo esté?”. Sponville denuncia la existencia de una ideología sobre la Navidad plagada de errores que quedan encerrados en la figura de Santa Claus, y de los que hay que liberar a los niños porque “la felicidad no es un regalo, la vida no es un cuento y Santa Claus no existe”. De hecho, sostiene, a menudo Santa Claus “es la primera mentira que les decimos a nuestros hijos”.

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Sponville recuerda y se pregunta: “Hubo una época en la que nos preguntábamos si el capitalismo era compatible con esa ética, la de los Evangelios, si el cristianismo, con su pureza, no era una refutación terrible de lo que mueve a nuestras sociedades. Tiempos pasados, parece. Nos preguntamos ahora si los Evangelios no son más bien refutados por el capitalismo, y si no sería ya el momento, ahora que la riqueza está desculpabilizada, como se suele decir, de olvidar esas antiguallas ingenuas y nefastas…”.

Se podrá estar de acuerdo o no con lo que dice el pensador francés, pero es indudable que más allá de lo bien que se estén pasando estas fiestas, las reflexiones son puntuales y útiles y nos proporcionarán un momento de serenidad si tratamos de ahondar en ellas.

De cualquier manera, para todos una feliz Navidad. Termino con otra cita de Sponville sobre la fecha: “Queda el niño desnudo, entre el buey y el asno, aquel que acabará en una cruz, aquel a quien el mismo Dios, quizás, abandonará al final…”.


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