Sequía doble

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Por: Alejandro Díaz

El estiaje este año está arrasando con cosechas, bosques y reservas de agua en todo el país. Se esperan menos lluvias, y tarde en el año para la agricultura de temporal. Casi 1800 municipios, 71% del territorio nacional, con severas afectaciones de sequía. Los 54 incendios que se han dado ya en 15 entidades afectaron 8600 hectáreas. La Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) no se ve muy afligida.

Pero los niveles de los embalses que abastecen ciudades e irrigan campos son alarmantes. El más crítico es el sistema Cutzamala que abastece buena parte del Valle de México, sus amplios embalses están al 42% y podrán difícilmente calmar la sed de millones de habitantes hasta que lleguen las lluvias dentro de dos meses. Hay otros 16 embalses por debajo del 50% de capacidad y las restantes 56 grandes represas no llegan al 66%. Para complicar las cosas el 47% de los hogares carecen de agua potable y más de la mitad de los cauces están contaminados.

Los datos anteriores serían preocupantes para un político responsable que cuente con un apoyo técnico capaz, pero el actual gobierno no suda ni se preocupa mayormente. Es más acaba de avisar del  cambio de la directora de CONAGUA “por motivos familiares”, pero absurdamente anuncia su nombramiento como Embajadora de México en Francia.

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El director nombrado como reemplazo es un técnico que por años trabajó en CONAGUA y puede contribuir a enderezar el rumbo si se dan ciertas condiciones, siendo la principal que se generalicen las lluvias. La sequía no es gratuita ni se da como maldición, es causada por años de abusar del ambiente. La pérdida de bosques afecta el clima regional y mundial, el abuso de combustibles fósiles (gas, gasolinas, carbón, etc.) lo agrava. El gobierno ha hecho oídos sordos a las advertencias del cambio climático, pero este año la naturaleza lo obligará a escucharla con atención.

La segunda sequía que preocupa es la ausencia de propuestas viables en las campañas electorales. No escuchamos ninguna para conservar el ambiente, mejorar el empleo, ayudar a superar la miseria o mejorar las condiciones de vida de todos. Antes de poder contrastar propuestas contemplamos un debate surrealista sobre el registro de un candidato impugnado que amenaza al árbitro electoral. Si con el debate de propuestas constructivas podría ganar México, con la bizantina discusión actual perdemos todos.

Requerimos que los partidos publiciten sus propuestas para que se discuta cuál puede ser mejor, no que nos enfrasquemos en discusiones procesales que no aportan a la construcción del futuro. No hacen falta discusiones estériles sino unas sobre las que pueden anticipar su comportamiento cuando estén en funciones.

La sequía de propuestas más peligrosa es no decirlas a propósito como las que omitió el actual inquilino de Palacio durante la campaña de 2018. Nunca mencionó su intención de reducir presupuestos a Salud, Seguridad Pública o Educación ni de subvencionar PEMEX y CFE por sus pérdidas que ya apuntaban a ser monstruosas. Nunca dijo que negaría recursos a programas existentes para proteger a mujeres, proporcionar guarderías a madres trabajadoras o medicinas a niños con cáncer. Tampoco mencionó su intención de someter los Institutos Autónomos establecidos en la Constitución ni intentar mediante triquiñuelas alcanzar una sobre representación para su partido en la Cámara de Diputados.

Por supuesto que si lo hubiera dicho habría sido duramente atacado y sus posibles votantes habrían disminuido ante tales atentados al sentido común. Precisamente lo ocultó de manera dolosa y nunca se dejó ver cómo el autócrata que ahora vemos. Su omisión perversa tiene ahora sumido al país en un caos que no merece. No necesitamos políticos que oculten sus verdaderas intenciones.

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