Que Se Vaya

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Un grupo de ciudadanos que procedemos de formaciones ideológicas distintas, que militamos o no en partidos diversos, tenemos convicciones religiosas diferentes y nos dedicamos a las más variadas actividades profesionales y sociales, hemos venido platicando en las últimas semanas sobre la grave situación que atraviesa el país y la necesidad urgente de actuar para evitar un estallido social de proporciones inimaginables. De entrada creemos en la vía electoral y la conveniencia de participar con nuestro voto en la jornada electoral del 7 de junio. Pero consideramos que debemos agregar valor a esa participación electoral. Respetamos a quienes promueven anular el voto, porque los sabemos hartos del actual estado de cosas y con buenas intenciones, pero discrepamos de esa estrategia de protesta porque al final, la abstención o anular el voto, lo único que consigue es fortalecer al PRI. Sobre todo en una elección intermedia donde las campañas se decantan mucho más por la movilización de las estructuras partidarias que por los perfiles o propuestas de los candidatos.

Nuestra diversidad se ha logrado conciliar en la unidad mediante una sola convicción: México no puede continuar en esta ruta de deterioro institucional, corrupción política y regresión autoritaria. El país vive la más aguda crisis económica, política y social de su historia reciente. El Presidente Enrique Peña Nieto, no puede y no debe seguir en el cargo; ha llegado el momento en que debe separarse como titular del Ejecutivo Federal, para darle viabilidad a la República y volver a conciliar a la Nación. Es la hora de que se vaya.

Por ello hemos decidido impulsar un ejercicio ciudadano de revocación del mandato del Presidente Enrique Peña Nieto. Ante la negativa de los cauces institucionales previstos en la Constitución para que los ciudadanos podamos participar en la toma de decisiones a través de las consultas populares, hemos decidido organizar nuestra propia consulta ciudadana, planteada como un referéndum revocatorio al mandato de Enrique Peña Nieto. Nos proponemos conseguir una clara sanción política de carácter popular a la incompetencia y la corrupción del gobierno federal.

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A poco más de dos años, la actual administración federal ha sido desastrosa para el país. Vivimos un vendaval de regresiones autoritarias que no fueron imaginadas en el peor de los escenarios ante el regreso del PRI. La impunidad, la simulación, la ilegalidad, la injusticia, la desigualdad, la pobreza, el hambre, la inseguridad, la violencia, el engaño sistemático, la represión, el rompimiento del marco constitucional y del estado de derecho son signos constantes del actual gobierno. La corrupción política navega como nunca antes por las aguas negras de un gobierno que borró toda línea de separación entre negocios y política en nuestro país. Paradójicamente, el Pacto de impunidad se ha reforzado con toda fuerza, a partir de la propia debilidad del Presidente de la República, no sólo a pique su imagen, sino fracturada de manera absoluta su investidura por la corrupción que lo enloda.

Las políticas publicas del gobierno del Presidente Peña Nieto y las llamadas reformas estructurales sólo han venido ha reforzar los privilegios de unos cuantos, y ha sido grotesco observar cómo las pocas reformas constitucionales que lograron ciertos consensos, fueron traicionadas en la legislación secundaria. Quedó un reformismo contrario al interés general de la Nación y al bienestar del pueblo mexicano. De ello da cuenta el desastre económico del país, el crecimiento exponencial de la deuda del gobierno federal, la quiebra de una gran cantidad de gobiernos estatales y municipales, la nociva reforma fiscal que aumentó impuestos y ni así el gobierno logró su meta de obtener mayores ingresos, ni hacer crecer la economía, ni generar más empleos. Es un fracaso que se describe en una devaluación que lleva al dólar a $16 pesos, aumentos constantes en la gasolina y en los precios de todos los bienes, productos y servicios; la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de los mexicanos, sumado al desempleo, al subempleo y al deterioro brutal de las condiciones de trabajo.

El sistema de complicidades está intacto. La desaparición forzada de 43 normalistas de Ayotzinapa es su rostro más dramático. Se vive un clima de represión en el país que se ha materializado en encarcelamientos, asesinatos, persecuciones, hostigamiento y campañas de linchamiento en los medios de comunicación contra quienes alzan la voz para defender sus derechos. El silenciamiento de varios comunicadores en los recientes meses, particularmente el golpe a Carmen Aristegui y el equipo de periodistas que producían el programa de radio más escuchado y critico de todo el país, marca indiscutiblemente la profundidad de la regresión. No es casual o descuido que el gobierno del Presidente Peña Nieto haya abandonado una de sus promesas de campaña y primera propuestas como Presidente electo: la de transparentar los recursos públicos destinados al gasto de comunicación y propaganda gubernamental.

A la represión se suma el clima de inseguridad y violencia que vive el país dando como resultado una creciente cifra de desaparecidos, secuestrados, asesinados, extorsionados y mexicanos sojuzgados por el crimen organizado que opera con absoluta impunidad en vastas zonas del territorio nacional.

La fractura moral, la debilidad política, el deterioro institucional y el nivel de incompetencia mostrado, son razones suficientes para exigir a Enrique Peña Nieto que es momento de separarse del cargo de Presidente de la República. De ahí la realización de un referéndum revocatorio es una necesidad imperiosa. Es una salida civilizada, inteligente, democrática y cierra toda posibilidad a una salida cruenta a la enorme crisis política, económica y social que vive la Nación. Se está escalando irresponsablemente una provocación a la sociedad.

Planteamos una forma legal, civilizada y en el marco del proceso electoral: agregar a nuestro voto, manteniendo la secrecía de ese ejercicio, una papeleta de petición revocatoria del mandato del Presidente de la República. Al acudir a votar en los próximos comicios federales, le planteamos al votante que al realizar el primer doblez de la boleta electoral, introduzca en ésta la solicitud de revocación. El voto es secreto y la inclusión de esta revocación del mandato de Peña también lo es. De esta manera se garantiza la libertad, la secrecía y el derecho de cada votante a expresar su voto y su determinación sobre un tema tan importante en la vida pública nacional.

La legislación electoral prevé en su artículo 293 numeral 1, inciso e, la figura del incidente electoral. Al aparecer al final de la jornada electoral -además de las boletas con los votos emitidos por la ciudadanía- las revocaciones expresando la determinación de remover del cargo a Enrique Peña Nieto, los funcionarios de casilla están obligados a dar cuenta en las actas de esta situación, ya que es un incidente electoral. Nuestra intención es que se muestre de manera clara y contundente el repudio al gobierno de Enrique Peña Nieto y realizar las acciones necesarias para que se vaya.


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