Protocolo fallido

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Lo ocurrido en Nochistlán tuvo un saldo mortal inaceptable, fruto de la violencia de unos y la ingenuidad de otros. Algunos asignan el uso de la violencia a la policía y otros a quienes protestan. Se han formado comisiones investigadoras pues no está claro quién disparó primero.

La opinión pública está dividida según la visión política que tenga. Con la poca apreciación que la población tiene por el actual gobierno no es difícil entender por qué han proliferado las protestas contra de la violencia policial. Antes de saber las conclusiones de las comisiones, ya han organizado marchas y difundido proclamas, fotografías y videos contra un comportamiento policial inaceptable, aunque algunos sean de enfrentamientos ajenos al caso.

Pero la actuación de la fuerza pública dista mucho de haber sido la correcta. O no siguió el protocolo correctamente o éste no es el adecuado. Sin importar quien iniciara el tiroteo, la policía debió prever que habría violencia y debió estar preparada para combatirla sin más violencia. Para ello hay vehículos blindados con chorros de agua o gases lacrimógenos, nunca contestar con balas. Al acudir a retirar el bloqueo debió prever la posibilidad de violencia y de actuar en consecuencia.

No haberlo hecho fue irresponsable y también ingenuo. Nunca debió suceder. Para prevenir que nunca se repita deben de revisarse de inmediato los protocolos de actuación, con independencia de quién haya comenzado el tiroteo, sin importar lo que las comisiones dictaminen. Nochistlán debe quedar como ejemplo de lo que nunca debe volver a suceder en México.

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