Por alianzas del panismo ¿perdón y olvido?

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Por: Salvador I. Reding Vidaña

Para hacer frente al partido Morena, que con su dominio de mayoría de votos (con sus aliados) y su absoluta sumisión al presidente ha causado y puede seguir causando tantos daños a la nación, tres partidos se han unidos en alianzas para alcanzar suficientes votos en la próxima legislatura federal y gubernaturas en juego. Pero esto ha causado diversas reacciones, algunas que considero equivocadas.

El asunto es que Acción Nacional se ha unido con dos de sus grandes rivales para tener candidatos comunes: con el PRI y con el PRD. Este tipo de alianzas electorales ya se han dado, con el PRD y con otros como el Verde Ecologista, pero nunca con el PRI. Aliarse ahora con éste, no se lo perdonan a las dirigencias panistas algunos militantes o simpatizantes del PAN, las acusan de perdonar y olvidar lo inaceptable del priismo (en primer lugar) y del perredismo.

Vale la pena intentar una aclaración del caso. Primero que nada, si examinamos los principios de doctrina de los tres partidos, PAN, PRD y PRI, podemos encontrar muchas coincidencias. Sin embargo, la ideología y la “Real Politik” es decir el ideario final y la forma de actuar de cada uno, tienen muchas diferencias. Y son a veces profundamente encontradas, mutuamente excluyentes.

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Las quejas, denuncias y señalamientos de los panistas (doctrinales, sobre todo), en contra de mucho de lo hecho en sus años de poder por “el partidazo”, que dominaba total o parcialmente (en los más recientes años) la política nacional, han sido bien justificados. Aparte de medidas que llegaron a tomar los priistas en contra de lo que el PAN considera legítimos derechos ciudadanos o apego a la Constitución, el PRI atacó al panismo, lo denostó, y le aplastó cuando pudo resultados electorales y votaciones en las cámaras. Igualmente, los legisladores priistas mandaron a la llamada congeladora, iniciativas de ley o de reformas legales, que iban en contra de los intereses o ideología del que se llamaba a sí mismo “El Sistema” (PRI-gobierno). También práctica común perredista.

Y ahora que se hacen alianzas panistas con el eterno adversario, el PRI, se levantan voces y se publican críticas, acusando a Acción Nacional de haber olvidado y perdonado al PRI con las fechorías que justamente se le adjudicaron y reclamaron en el pasado. Hay que aclarar esto. No es así.

De ninguna manera hay, por parte del panismo, ni perdón ni olvido ante todo lo reclamado en el pasado y hasta en el presente. El PAN sigue reconociendo lo inaceptable del priismo como tal. Y así compite en varias elecciones locales. No se hecho borrón y cuenta nueva, no. El PAN bien seguirá señalando al PRI lo que siempre le ha reclamado, como igual sucede con el PRD. Ambos tienen cargos en su contra en la contabilidad política del PAN y la de ciudadanos y analistas.

Entonces, ¿qué se hace ahora? Unir fuerzas frente a un enemigo (algo más que simple adversario) que está destruyendo a México, se vea como se vea. A una real amenaza de control legislativo para servir a los caprichos presidenciales, incluyendo su presunto interés, quizás no de reelegirse precisamente, sino hacer algo mucho más simple: alargar varios años su actual mandato sexenal.

Se trata de votar en las cámaras de diputados, la federal principalmente y las de los estados, de forma de evitar los caprichos hechos leyes que ahora tienen al país en muy graves problemas, como el económico, el de salud, el de seguridad nacional, de la impunidad, y el de inaceptables manipulaciones de los presupuestos de egresos, a favor del capricho de obras absurdas, en vez de atender las necesidades de la población.

Se trata, con votos de oposición suficientes, evitar más daños a México, y aprobar presupuestos de egresos a favor de la población y no de los caprichos presidenciales. Y también, muy importante, evitar que el morenismo y su presidente, sigan cooptando a otros poderes, destruyan organismos independientes, y consolidando en la práctica los poderes de la Unión en la persona del presidente, y con la Fiscalía General de la Nación a su servicio.

En esos temas críticos, los legisladores de la oposición que han unido fuerzas, podrán detener y corregir la estructura legal de México, evitar más cambios indebidos a la Constitución federal. Hasta allí, lo más probable.

¿Esperar que en las discusiones y votaciones futuras estén de acuerdo los tres partidos aliados? No, eso sería ingenuo. Suponer que los decretos sean siempre en concordancia entre el PAN, PRD y PRI, también es inocencia. No, seguramente esos tres partidos seguirán persiguiendo causas diferentes, en temas torales, como es lo que cada uno considera derechos humanos. Tampoco hay garantía de que los nuevos diputados no persigan intereses personales o de grupo y que voten siempre con razón y convicción. También sería ingenuo.

Ni el PAN tiene perdón y olvido frente a lo que ha rechazado tanto del PRI como del PRD en materia de ideologías y políticas de gobierno, ni tampoco estos otros dos dejarán sus diferencias de siempre, en el plano ideológico y en la práctica de gobierno entre sí. Tienen, a su forma de pensar, también materia contra el PAN, al que no darán ni perdón ni olvido.

Algo sin embargo podrá mejorarse, como es el combate a la corrupción en los gobiernos, que tanto ha dañado y hecho perder simpatías a estos partidos. Sería su manera de intentar legitimarse ante la ciudadanía y el mundo. Otra cosa que, si se lo proponen de verdad, pueden lograr estos aliados eventuales, es detener la destrucción de la solidaridad nacional, frente a la constante política divisionaria del presidente, sus voceros y los dirigentes de su partido. Podrán también quizás cuidar y defender la libertad de opinar y de informar por medios de comunicación y por las voces ciudadanas expresadas en vivo o en las redes sociales.

Entonces, lo que el panismo y sus simpatizantes pueden esperar de estas alianzas, no es ni perdón ni olvido de lo recriminable del PRI y del PRD, sino la unión de fuerzas legislativas frente al gran destructor de México, el que en dieciocho meses ha hecho retroceder a México más que los errores y malas prácticas de gobiernos anteriores. Fuera de eso, quizás no habrá mayores acciones legislativas y de gobierno comunes, si antes fueron adversas.


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