En las giras de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha vuelto costumbre que los asistentes abucheen a los gobernadores que no son de Morena. El 5 de septiembre pasó en Aguascalientes con Teresa Jiménez y en San Luis Potosí con Ricardo Gallardo. La mandataria, según lo que se ve en los videos que circulan, aprovecha para pedir calma y respeto, como si fuera la adulta de la sala. Pero en Colima la cosa cambió de lado y los gritos le tocaron a ella.
Versiones que corren en redes sociales cuentan que durante el acto del Segundo Informe en la Unidad Deportiva Morelos se escucharon abucheos, consignas de “fuera” y reclamos desde atrás del público. No eran gritos genéricos: grupos de ambientalistas y pescadores, entre ellos el colectivo Salvemos Cuyutlán y el Movimiento Socialista del Poder Popular, protestaban contra la ampliación del Puerto de Manzanillo y el posible daño a la Laguna de Cuyutlán. La gobernadora Indira Vizcaíno ya había sentido la presión desde su intervención.
La presidenta primero ofreció platicar después del evento si guardaban silencio. Cuando los gritos no pararon, cambió el tono. “Son muy irrespetuosos. Así es el PRIAN, seguro pertenecen al PRIAN, aquí de infiltrados”, dijo frente a las cámaras. Los manifestantes respondieron de inmediato en redes: no son de oposición, no son prianistas, defienden el territorio y aseguran que su causa es de izquierda. “La defensa del territorio sí es de izquierda”, escribieron en un comunicado que se compartió rápido.
En las redes el comentario se repite: la táctica de llevar acarreados para abuchear a los de enfrente ahora no funcionó porque los gritos le cayeron a la propia presidenta. Usuarios señalan que en ocasiones anteriores, cuando al terminar los actos la gente se acerca a reclamar por medicamentos faltantes o problemas concretos, Sheinbaum suele mostrar molestia. Ahora la protesta se metió en pleno evento y, según relatos que circulan de personas cercanas a su equipo, la presidenta es de carácter irascible y se irrita con facilidad. Hay versiones no confirmadas que aseguran que al terminar el acto se desquitó con su gente de logística y seguridad por no haber controlado la situación.
Lo que sí está confirmado es el contraste: cuando abuchean a los de la oposición, ella pide respeto y hasta somete a votación si se les deja hablar. Cuando los gritos le tocan a ella, aparecen de inmediato los infiltrados y el PRIAN. En redes la gente lo nota y lo comenta sin filtro. Algunos celebran que por fin le llegue la misma medicina que suele repartir; otros dicen que cualquier protesta legítima se vuelve automáticamente “oposición” si incomoda.
El episodio de Colima quedó grabado y se sigue compartiendo. Mientras tanto, las versiones siguen rodando: que la paciencia de la presidenta es corta, que el control de los eventos ya no es tan fácil y que cuando el abucheo se le regresa, el discurso cambia de tono. Todo esto, claro, son comentarios y trascendidos que se leen y se escuchan en el espacio digital este sábado. Unos confirmados por videos, otros todavía en el terreno del rumor. Pero el eco ya está puesto.















