En las últimas horas el llamado ecosistema digital de Morena, para usar el eufemismo de Luisa María Alcalde y no hablar de listas ni de nada por el estilo, se ha activado como pocas veces en la plataforma que antes llamaban irrelevante. Cuentas oficiales, simpatizantes y un chorro de perfiles que siempre aparecen cuando hay que cerrar filas se lanzaron a defender a Andy López Beltrán después de que Estados Unidos le quitara la visa. La narrativa que corre es clara: se trata de una injerencia, un ataque a la soberanía, una decisión politiquera y un mensaje intimidatorio contra quienes defienden a México. Hasta los gobernadores de la Cuarta Transformación sacaron un desplegado conjunto hablando de no permitir presiones extranjeras.
Lo que más llama la atención en los comentarios que circulan es la contradicción que muchos usuarios señalan sin filtro. “¿No que ese país era el enemigo, el imperio, el que nos saquea?”, escriben por docenas. “¿Por qué tanto escándalo por una visa del lugar que tanto odian?”. Otros preguntan, con tono sarcástico, qué pasó con aquello de que las redes no importan, que son pura manipulación y que el pueblo bueno está en las calles y no en las pantallas. Ahora resulta que sí importan, y mucho, cuando se trata de proteger la imagen del hijo del expresidente.
También se lee con frecuencia otra duda que no encuentra respuesta fácil: si el amor del pueblo a Andrés Manuel López Obrador es tan grande y tan sólido, ¿por qué hace falta montar toda esta maquinaria digital para defender a su hijo? Algunos comentarios van más lejos y se preguntan si de verdad era necesario que Andy saliera a anunciar la cancelación de su visa. No es funcionario público, no es legislador, no ocupa cargo en el partido. Podría haber guardado silencio y listo. En cambio, escribió una carta larga, la publicó y movilizó a todo el aparato. En redes se especula que tal vez buscaba convertirse en víctima, cambiar el tema o generar solidaridad antes de que salieran más versiones. Son solo comentarios de usuarios, por supuesto, nada confirmado.
Lo cierto es que el despliegue ha sido notable. Mientras algunos perfiles de oposición se burlan y hablan de “doble moral” o de “privilegios que duelen cuando se pierden”, del lado morenista se insiste en que esto trasciende a una persona y es un ataque al movimiento completo. Versiones no confirmadas que corren en grupos y cuentas anónimas incluso aseguran que la reacción tan fuerte responde al temor de que esto sea solo el principio de algo más amplio. De nuevo, son rumores que circulan, no hechos probados.
Al final, lo que queda en el ambiente digital es la sensación de que perder el acceso a ese país tan criticado duele más de lo que se quería admitir. Y que, cuando se trata de los suyos, el ecosistema se pone a trabajar sin descanso. Mientras tanto, la conversación sigue abierta, con más preguntas que respuestas y con la sospecha de siempre: que en política nada se anuncia por casualidad.

















