Ariadna Montiel debutó como presidenta de Morena con un discurso que sonó a misa de domingo: “En Morena no hay cabida para corruptos, los candidatos tendrán trayectoria impecable”. Dicho esto justo cuando Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, enfrenta solicitud de extradición de Estados Unidos junto con nueve compinches más. Coincidencia, ¿verdad? Como cuando uno limpia la casa porque ya llegó la suegra.
La nueva jefa guinda habló de “examen de conciencia” y cero tolerancia a la corrupción en gobiernos morenistas. Mientras tanto, el Operativo Enjambre sigue cayendo alcaldes de Morena como moscas: extorsión, nexos con el crimen y desvíos que dan para película de narcos. Y ni hablar de la lista de morenistas a los que Estados Unidos les revocó la visa. Más de 50, según reportes, que de repente ya no pueden ir a Disneylandia ni a comprar chucherías en El Paso.
Uno lee el discurso y se ríe con ganas. Porque si en Morena no caben corruptos, entonces ¿por qué parece que ya están sentados en primera fila? ¿O será que el partido creció tanto que ahora hay que hacer una limpieza como de garage sale? “Fuera los que manchan el legado”, dice Ariadna. Pues ojalá, compañera, porque los escándalos están saliendo más rápido que las encuestas que tanto les gustan.
No se trata de tirar al partido entero, ni mucho menos. Hay gente honrada en Morena que de verdad cree en la transformación y suda la camiseta en territorio. Pero cuando los señalamientos llueven desde Rocha hasta alcaldes detenidos y visas canceladas, el “no toleraremos” suena más a promesa de campaña que a regla de hierro.
Ojalá esta vez sea en serio. Ojalá el examen de conciencia no termine en un simple “se les hará a un lado” cuando ya estén muy quemados. Porque la gente ya está harta de que les vendan pureza mientras la realidad apesta a lo mismo de siempre. En Morena, como en cualquier partido, el poder atrae vivales. La diferencia está en si realmente los sacan o solo los cambian de asiento.
Que sea cierto lo de Ariadna. México ya no quiere más cuentos de hadas con final de impunidad.






























