Mensaje Insulso

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El Presidente de la República Enrique Peña Nieto envió el pasado domingo un mensaje a la Nación con motivo del año nuevo. Desilusiona su contenido: es pobre el lenguaje y carente de compromiso, no conecta, no convence; lejos de la expectativa por la realidad que vivimos, pierde la oportunidad de lanzar una idea que suscite confianza, que despierte cierta esperanza de que el poder entendió las enormes lecciones del 2014, pero no. Es un discurso insulso, ayuno de significación.

En todo caso el interés que suscita se refiere a los asuntos que el Presidente no toca, el México que no existe para su reflexión. Y esas ausencias son una gran preocupación pues, no reconocidos los verdaderos problemas del país o tratándolos de postergar, no se pudrirán con el paso del tiempo sino que crecerán y se ampliarán indefectiblemente. No hay voluntad política para encarar los desafíos, esa es la impresión que me causa.

El discurso usa el nombre de nuestro país como sinónimo de clase política; Presidente de las élites, traduce como consenso nacional las negociaciones parciales en el Congreso que produjeron las llamadas reformas estructurales, varias de las más importantes sin el apoyo de alguna de las tres fuerzas políticas del país. Cuando Peña Nieto dice que "México se atrevió a cambiar", confirma que sólo se concibe como Presidente del sistema de partidos y no de una Nación, a la que negaron su derecho a confirmar o no su acuerdo con las enmiendas constitucionales mediante consulta popular. El gobierno jugó con presión indebida en la resolución que la SCJN dictó sobre varias de las solicitudes de consulta.

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El enorme problema de la corrupción, el verdadero problema que lacera a nuestro país, está intocado por el Presidente en su mensaje. Dice tener "el firme compromiso de combatir la corrupción y la impunidad, y de fortalecer la transparencia", pero en los hechos no da un sólo paso, no anuncia la más mínima acción para deslindarse en serio de la corrupción que lo enloda, de recuperar categoría moral a su mandato político. No tiene la más mínima intención de transparentar a fondo los recursos que otorga el gobierno a los medios de comunicación; aquella iniciativa de reglamentar la propaganda gubernamental ha quedado en una vil treta política en busca de legitimidad.

No es que no pueda, sino que no quiere porque necesita de esos millonarios contratos de publicidad a discreción a los medios, para sofocar la crítica, controlar el escrutinio, detener la exigencia de las investigaciónes. Ni siquiera porque ahora suma, a las casas que Grupo Higa ha prodigado en abonos y facilidades a él y a su esposa, la que compró su Secretario de Hacienda Luis Videgaray, en condiciones por demás irregulares y tras haber beneficiado con obras multimillonarias a Juan Armando Hinojosa sin licitaciones de por medio, cuando también actuó como titular de las finanzas públicas en el Estado de México. Videgaray, implicado por cierto en la autorización del Banco Progreso de Chihuahua, cuyo accionista mayoritario es el Gobernador del Estado César Duarte, bajo un enriquecimiento inexplicable. El etéreo es el ámbito en el que se manejan los planes del Presidente en contra de la impunidad.

Me llama la atención que quien redacta los mensajes del Presidente, cruce con tanta fácilidad la pluma por la demagogia, la mentira, el vil engaño. Dijo que "gracias a la Reforma Energética, por primera vez, comienza a bajar el costo de la electricidad que pagan las familias; además, a partir de este momento, en 2015, ya no habrá gasolinazos. Gracias a la Reforma Hacendaria, por primera vez en cinco años ya no habrá incrementos mensuales a los precios de la gasolina, el diésel y el gas LP". Ni lo primero, ni lo segundo es verdad. Ahora los gasolinazos serán anuales, sólo que al principio del año nos recetarán el incremento de un sólo golpe, como ha sucedido con cuarenta centavos más a partir del primero de enero en la magna y en la premium.

Otra oportunidad desperdiciada, la ocasión del mensaje presidencial para dar la bienvenida al 2015. Vana esperanza de encontrar otra dimensión en el Presidente que, en sentido contrario, confirma una pequeñez que no merece el pueblo de México. 


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