La segunda marcha por la paz en Culiacán, llevada a cabo el pasado domingo 13 de septiembre, convocada por la Coparmex de Sinaloa, tiene un especial significado pues, aunque se presenta en un ámbito local, representa la voz de millones de mexicanos en todo el país.
El estado de descomposición que tiene Culiacán desde hace más de dos años cuando comenzó la guerra entre los chapitos y la mayiza, que ha dejado más de ocho mil victimas entre homicidios y desaparecidos, no tiene precedente alguno, tampoco, poner al descubierto la complicidad de autoridades y el crimen organizado, como ha ocurrido recientemente.
Vaya que se necesita valor para salir a las calles, sobre todo en lugares como Sinaloa y, muchos otros, pues las cosas se han salido por completo de control y, el estar en la vía pública es jugarse la vida, sin que la autoridad ponga orden y otorgue garantías y protección a las personas, por el contrario, en el mejor de los casos se convierte en testigo inmóvil de los innumerables atropellos.
Es de reconocerse que, en ese lugar dadas las circunstancias, vienen padeciendo una ola brutal de inseguridad; el abuso, la muerte, desaparición de personas, la violencia, robos, amenazas y todo tipo de eventualidades similares, ha construido un clima de temor, desconfianza y una sensación permanente de peligro, afectando la tranquilidad y armonía social que tanto prometieron los morenistas.
Por tanto, sin distingo de colores partidistas y, más allá de las diferencias políticas, el pueblo bueno y sabio -como diría López Obrador-, se unió para manifestarse bajo la voz de: “Sinaloa ponte de pie, no más de lo mismo”, acusando al gobierno como un cómplice que dice, pero no hace.
Además, se debe destacar la suma de la Iglesia Católica, que inclusive salió a tomar las calles y en voz del Monseñor Jesús José Herrera Quiñonez, ofició una misa en la vía pública, dando un vigoroso mensaje al exigir de las autoridades que hablen con la verdad y hagan lo necesario para recuperar la confianza perdida, a la vez que hizo alusión a que no existe cabida para la venganza, ni al olvido, pero si para exigir justicia.
El eco de la marcha que, sigue retumbando en la conciencia nacional, fue una manifestación multitudinaria exitosa, al reunir a decenas de miles de personas, histórica, de un valor cívico ejemplar, tranquila, civilizada, ordenada y con alto contenido social.
Si, es un grito desgarrador enviado a Palacio Nacional, es un mensaje para recordar su falta de estrategia y resultados, pues el fenómeno de la delincuencia sigue siendo un lastre que a puesto sobre las cuerdas al gobierno y evidenciado su incapacidad.
Aquí cabe invocar el contenido del artículo 41 de la Carta Magna, que establece el ejercicio de la soberanía del pueblo a través de los Poderes de la Unión en función de sus competencias.
Viene a colación en virtud de que se alude por parte del Poder Ejecutivo a la soberanía nacional como escudo contra decisiones extranjeras, lamentablemente no se ejerce al interior para combatir con eficacia a quienes impiden la armonía y paz social.









